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            <title>Plaza de la estaciÃ³n</title>
            <link>http://helio-pinon.org/proyecto-plaza_de_la_estacion_i78361</link>
            <description>&lt;img src=&quot;https://helio-pinon.org/rcs_gene/000_Pc_a_Paisos_Catalans_0.jpg&quot; alt=&quot;&quot; align=&quot;left&quot; width=&quot;100&quot; hspace=&quot;5&quot; /&gt;Plaza de la estaciÃ³n </description>
            <pubDate>Sun, 12 Jul 2020 10:00:00 +0100</pubDate>
            <guid>http://helio-pinon.org/proyecto-plaza_de_la_estacion_i78361</guid>
        <dc:creator>© Helio Piñón</dc:creator>
        <content:encoded><![CDATA[<img src="https://helio-pinon.org/rcs_gene/000_Pc_a_Paisos_Catalans_0.jpg" alt="" align="left" width="300" hspace="5" /><p>El proyecto se aborda como un programa gen&eacute;rico, m&aacute;s all&aacute; de la situaci&oacute;n concreta del emplazamiento de las im&aacute;genes. El espacio que antecede a las estaciones de ferrocarril en grandes ciudades suele plantear cuestiones que son comunes a la mayor&iacute;a de ellas, de programa, de escala, de car&aacute;cter y, por tanto, de identidad urbana.</p>
<p>El espacio que precede al acceso desde la ciudad -el primero, a la llegada- suele ser de una amplitud a la que la ordenaci&oacute;n no suele responder, ni espacial, ni funcionalmente. En cambio, propicia unas actividades que podr&iacute;an sugerir aspectos b&aacute;sicos del proyecto.</p>
<p>El disponer del sistema de cubiertas explorado en proyectos inmediatamente anteriores, me sugiri&oacute; extender el sombrajo a gran parte del &aacute;rea libre, y perforarlo con patios que acumulan chopos esbeltos, un suelo de madera y equipo de asiento que propicia el descanso. Estos polos de intensidad espacial punt&uacute;an la extensi&oacute;n cubierta, lo que mejora su calidad ambiental.</p>
<p>Mercadillos eventuales, exposiciones y otras manifestaciones feriales dar&aacute;n sentido a un &aacute;rea cubierta que toma el relevo a una arboleda imposible, en la mayor&iacute;a de los casos, adem&aacute;s de inadecuada, en todos ellos.</p>
<p>Manchas verdes de c&eacute;sped, con arbolado de sombra y equipo de asiento, completan el servicio p&uacute;blico del &aacute;rea y ofrecen una alternativa espacial al sistema de b&oacute;vedas suspendidas.</p>
<p>La cubierta monumental identifica el enclave, al dar respuesta a la escala urbana que ah&iacute; comienza: no es dif&iacute;cil imaginar el tipo de actividades, festivas o no, que complementar&aacute;n el sentido estrictamente espacial y simb&oacute;lico del elemento.</p>]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title>Manzana suburbana</title>
            <link>http://helio-pinon.org/proyecto-manzana_suburbana_i78360</link>
            <description>&lt;img src=&quot;https://helio-pinon.org/rcs_gene/000_MANZ_SUBURBANA_2b.jpg&quot; alt=&quot;&quot; align=&quot;left&quot; width=&quot;100&quot; hspace=&quot;5&quot; /&gt;Manzana suburbana </description>
            <pubDate>Sun, 12 Jul 2020 10:00:00 +0100</pubDate>
            <guid>http://helio-pinon.org/proyecto-manzana_suburbana_i78360</guid>
        <dc:creator>© Helio Piñón</dc:creator>
        <content:encoded><![CDATA[<img src="https://helio-pinon.org/rcs_gene/000_MANZ_SUBURBANA_2b.jpg" alt="" align="left" width="300" hspace="5" /><p>La manzana suburbana, sea de car&aacute;cter tur&iacute;stico o no, tiene una diferencia fundamental respecto de la urbana: no puede plantearse confiando en que todas las plantas bajas tendr&aacute;n comercios, aunque tampoco pueden prescindir totalmente de ellos: la demanda de comercio y servicios no desaparece, pero se modula.</p>
<p>As&iacute;, al plantear una manzana de esas caracter&iacute;sticas no se pueden extrapolar, sin m&aacute;s, los arquetipos usados en la <em>Manzana HP</em>(2020).</p>
<p>He utilizado para este caso un edificio que proyect&eacute; para <em>Ordenaci&oacute;n sector Av. Andaluc&iacute;a, M&aacute;laga</em> (2015), modificando los aspectos necesarios para el nuevo prop&oacute;sito.</p>
<p>Se mantienen los criterios b&aacute;sicos de la <em>Manzana HP </em>(2020), pero la nueva situaci&oacute;n urbana de la propuesta se deja sentir en el proyecto: el car&aacute;cter suburbano del nuevo emplazamiento se manifiesta en la concepci&oacute;n de los nuevos espacios urbanos, tratando de articular los dominios desde lo particular de cada bloque a lo urbano general, pasando, claro, por el reconocimiento del espacio p&uacute;blico de las manzanas, en forma de paseo arbolado que las enhebra.</p>]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title>Manzana HP</title>
            <link>http://helio-pinon.org/proyecto-manzana_hp_i78359</link>
            <description>&lt;img src=&quot;https://helio-pinon.org/rcs_gene/000_Ciudad_HP-V_17.jpg&quot; alt=&quot;&quot; align=&quot;left&quot; width=&quot;100&quot; hspace=&quot;5&quot; /&gt;Manzana HP </description>
            <pubDate>Sun, 12 Jul 2020 10:00:00 +0100</pubDate>
            <guid>http://helio-pinon.org/proyecto-manzana_hp_i78359</guid>
        <dc:creator>© Helio Piñón</dc:creator>
        <content:encoded><![CDATA[<img src="https://helio-pinon.org/rcs_gene/000_Ciudad_HP-V_17.jpg" alt="" align="left" width="300" hspace="5" /><p>Este proyecto es una extensi&oacute;n de la construcci&oacute;n urbana ensayada en la <em>Ciudad discontinua, pero ordenada</em> (2018v), y m&aacute;s directamente de <em>Tres manzanas en Cuenca </em>(2019k).</p>
<p>La fecundidad del planteamiento me llevo a ensayar nuevos esquemas distributivos, tanto para vivienda, como para oficinas, con el fin de abarcar solares con anchos distintos de los modelos utilizados en <em>Ciudad discontinua.</em></p>
<p>A ese respecto, me parecen interesantes las organizaciones en H, en solares de mucha anchura: permiten una buena relaci&oacute;n con el exterior de todas las dependencias y se adaptan mejor a la imagen de la calle como secuencia de bloques perpendiculares a la acera, ligeramente volados respecto del cuerpo inferior continuo.</p>
<p>He reelaborado los espacios p&uacute;blicos interiores, con el prop&oacute;sito de convertir la propuesta en un modelo gen&eacute;rico, capaz de alumbrar unas &aacute;reas urbanas dotadas de recorridos verdes alternativos de las calles que condensan el tr&aacute;fico rodado.</p>]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title>Cubierta para mercados</title>
            <link>http://helio-pinon.org/proyecto-cubierta_para_mercados_i78358</link>
            <description>&lt;img src=&quot;https://helio-pinon.org/rcs_gene/000_MERCADO_ANCHO_1_mix.jpg&quot; alt=&quot;&quot; align=&quot;left&quot; width=&quot;100&quot; hspace=&quot;5&quot; /&gt;Cubierta para mercados </description>
            <pubDate>Sun, 12 Jul 2020 10:00:00 +0100</pubDate>
            <guid>http://helio-pinon.org/proyecto-cubierta_para_mercados_i78358</guid>
        <dc:creator>© Helio Piñón</dc:creator>
        <content:encoded><![CDATA[<img src="https://helio-pinon.org/rcs_gene/000_MERCADO_ANCHO_1_mix.jpg" alt="" align="left" width="300" hspace="5" /><p>El sistema de cubiertas abovedadas que ensay&eacute; en el <em>Centro de exposiciones de escultura </em>(2020) sirve aqu&iacute; como cubierta de mercados informales &ndash;&ldquo;mercadillos&rdquo;-, que menudean en las grandes ciudades, sin unas condiciones m&iacute;nimas de funcionalidad ni otro arraigo urbano que el gusto por el pintoresquismo difuso.</p>
<p>Es evidente lo apropiado de esta cubierta: la referencia con que trabajo es la estaci&oacute;n de autobuses Playon de la Mar&uacute;n (2015), en Quito, a la que me refer&iacute; en <em>Centro de exposiciones&hellip;</em>(2020), donde su cometido funcional era simplemente de protecci&oacute;n solar.</p>
<p>La claridad constructiva y la naturaleza de los elementos le confiere una rotundidad visual que traduce bien su cualidad espacial y le confiere una potente identidad urbana.</p>
<p>Hay dos hip&oacute;tesis, que demuestran la versatilidad del sistema: mercado extenso y mercado lineal, seg&uacute;n el lugar de emplazamiento.</p>]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title>Casa CTS</title>
            <link>http://helio-pinon.org/proyecto-casa_cts_i78357</link>
            <description>&lt;img src=&quot;https://helio-pinon.org/rcs_gene/000_CASA_CTS_20_0.jpg&quot; alt=&quot;&quot; align=&quot;left&quot; width=&quot;100&quot; hspace=&quot;5&quot; /&gt;Casa CTS </description>
            <pubDate>Sun, 12 Jul 2020 10:00:00 +0100</pubDate>
            <guid>http://helio-pinon.org/proyecto-casa_cts_i78357</guid>
        <dc:creator>© Helio Piñón</dc:creator>
        <content:encoded><![CDATA[<img src="https://helio-pinon.org/rcs_gene/000_CASA_CTS_20_0.jpg" alt="" align="left" width="300" hspace="5" /><p>Mi inter&eacute;s sobrevenido por el proyecto con b&oacute;vedas, cuyo detonante he referido en el Centro de Exposiciones de Escultura (2020), me hizo volver a la Casa CTS 17 (1917).</p>
<p>Repet&iacute; pr&aacute;cticamente el proyecto: solo reduje un poco las dimensiones del m&oacute;dulo &ndash;ahora son 6,60x6,60 m.- y sustitu&iacute; el forjado en C por unos elementos prefabricados que se componen de un zuncho perimetral y una b&oacute;veda que cubre el hueco, siempre en el mismo sentido.</p>
<p>El programa y la organizaci&oacute;n son id&eacute;nticos a la Casa CTS 17. Quiero se&ntilde;alar la introducci&oacute;n de un segundo m&oacute;dulo de techo plano para las partes de la casa en las que la fragmentaci&oacute;n del programa impide aprovechar la espacialidad de la cubierta abovedada.</p>
<p>En realidad, solo quise comprobar la espacialidad de esta nueva versi&oacute;n.</p>]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title>Arquitectura del proyecto</title>
            <link>http://helio-pinon.org/escritos_y_conferencias/det-arquitectura_del_proyecto_i71050</link>
            <description>Arquitectura del proyecto  XII-2016</description>
            <pubDate>Tue, 10 Jan 2017 11:00:00 +0100</pubDate>
            <guid>http://helio-pinon.org/escritos_y_conferencias/det-arquitectura_del_proyecto_i71050</guid>
        <dc:creator>© Helio Piñón</dc:creator>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>Pre&aacute;mbulo</h2>
<p>0/ Insistir en la docencia del proyecto de arquitectura a mi edad puede deberse a una inquebrantable fe en su porvenir, dada su notoria ineficacia en el presente, o bien, a un imperativo de responsabilidad hist&oacute;rica, es decir, a la obligaci&oacute;n moral de compartir experiencias no por mas inusuales, menos fecundas. Vista la ligereza con que se han abierto Escuelas de Arquitectura durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, y el sentido de su repercusi&oacute;n en el nivel medio profesional, nada aconsejar&iacute;a perseverar en el benem&eacute;rito empe&ntilde;o de la ense&ntilde;anza. Menos a&uacute;n, cuando en la biograf&iacute;a se acumulan cuarenta y cinco a&ntilde;os de docencia de proyectos, como es mi caso. En otras palabras, aunque me vean envuelto en este empe&ntilde;o, no soy un necio obstinado, simplemente, quiero compartir unos cuantos criterios acerca del proyecto tan vers&aacute;tiles como productivos.</p>
<p>No; no soy un ingenuo ni un iluminado: no me empe&ntilde;o en ense&ntilde;ar a proyectar como parte de una cruzada personal para regenerar la est&eacute;tica de nuestras ciudades: ese no parece hoy ser el objetivo de nadie.</p>
<p>He dedicado mi vida intelectual a desvelar el sentido est&eacute;tico de la arquitectura moderna y a argumentar su vigencia. En cuanto a la pr&aacute;ctica, estoy empe&ntilde;ado en dar continuidad a los criterios de forma modernos a trav&eacute;s de mis proyectos.</p>
<p>Es, pues, un impulso de responsabilidad lo que me hace perseverar en la actividad docente: un sistema est&eacute;tico no se agota mientras alguien sea capaz de ponerlo en pr&aacute;ctica, con independencia de su grado de eficacia moment&aacute;nea. El cometido marginal de la poes&iacute;a en la sociedad actual no impide la existencia de grandes poetas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1/ No creo necesario cursar un master para advertir la ineficacia actual de la arquitectura, es decir, la irrelevancia de su aportaci&oacute;n en la construcci&oacute;n de un mundo ordenado. No porque la arquitectura -su historia- sea incapaz de ofrecer principios y criterios para ello, sino porque los responsables de la construcci&oacute;n han llegado a la conclusi&oacute;n de que &ldquo;los arquitectos son caros y pasados de moda&rdquo;. En efecto, a pesar del esfuerzo de los colegas por ofrecer lo mejor de s&iacute; mismos, poniendo a prueba hasta la extenuaci&oacute;n el lado creativo de su cerebro, los promotores se sobran y se bastan para llenar el mundo de inmuebles tan banales y toscos como los proyectar&iacute;an la mayor&iacute;a de arquitectos, pero mucho m&aacute;s baratos.</p>
<p>No s&eacute; si los promotores han llegado a la conclusi&oacute;n de prescindir del proyecto por si solos o se han visto animados por el creciente grado de desorientaci&oacute;n que reina en el mundo de la arquitectura, lo que ha provocado su vertiginosa decadencia, iniciada hace ya varias d&eacute;cadas. Digo prescindir del proyecto, como instancia ordenadora, no de los arquitectos, ya que de ellos no pueden prescindir, por imperativo legal. Hasta la m&aacute;s burda promoci&oacute;n inmobiliaria tiene, en la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses, un arquitecto que la legaliza administrativamente.</p>
<p>A este respecto, se abre un interrogante b&aacute;sico: si la arquitectura no est&aacute; en crisis, sino el uso que los profesionales hacen de ella: &iquest;son los arquitectos, en exclusiva, los responsables del deterioro formal creciente del mundo f&iacute;sico? La hip&oacute;tesis de que la arquitectura no est&eacute; en crisis se apoya en que la perspectiva con que se contempla el pasado -junto con los recursos t&eacute;cnicos de hoy- permitir&iacute;an construir la mejor arquitectura de la historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2/ No discutir&eacute; la mezquindad y la codicia de muchos promotores, ni la insensibilidad e incultura de muchos pol&iacute;ticos, pero a ning&uacute;n constructor ni pol&iacute;tico se le hubiera ocurrido irrumpir en las ciudades con la groser&iacute;a y arrogancia con que muchos arquitectos plantean sus &ldquo;edificios emblem&aacute;ticos&rdquo;. No tanto por sensibilidad, cuanto por prudencia, por el miedo al rid&iacute;culo, situaci&oacute;n que muchos arquitectos no contemplan, porque se esconde en su conciencia tras los mitos de la &ldquo;innovaci&oacute;n&rdquo; y la &ldquo;creatividad&rdquo;.</p>
<p>No quiero que se entienda la anterior consideraci&oacute;n como un argumento exculpatorio del resto de agentes de la construcci&oacute;n mundial, sino que trato de neutralizar el repetido argumento de que &ldquo;no lo hacemos mejor porque los promotores -privados y p&uacute;blicos- no nos lo permiten&rdquo;. No vean en mi postura un &aacute;pice de masoquismo, pero no comparto el escamoteo de la responsabilidad de los arquitectos en el progresivo desorden del planeta, con el pretexto de que &ldquo;la culpa es de los otros&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3/ De todos modos, estoy convencido de que los arquitectos no son tan err&aacute;ticos como puede parecer a primera vista: a menudo veo edificios banales y afectados que permiten adivinar, en cambio, un talento en bruto, capaz de mejores frutos. Se dir&iacute;a que ensayan muecas o repiten chistes malos para hacer gracia, porque nadie les ha dicho antes que no se trata de hacer gracia, sino de proyectar bien; o, mejor, porque les han dicho que el proyectar bien es cosa de resultar graciosos.</p>
<p>No; no son tan tontos: simplemente, est&aacute;n desorientados. Se han formado en un &ldquo;relativismo creativo&rdquo; que tranquiliza los esp&iacute;ritus y propicia la impostura. No conocen el fundamento de lo que manejan, ni saben d&oacute;nde se dirigen sus acciones, m&aacute;s all&aacute; de tratar de agradar a una demanda eternamente insatisfecha, porque tampoco tiene criterios de selecci&oacute;n: les han ense&ntilde;ado a valorar lo raro por encima de lo bueno.</p>
<p>No se trata de un problema t&eacute;cnico, no es que muchos arquitectos actuales no sepan &ldquo;proyectar bien&rdquo;, sino que no conocen los criterios de bondad, y as&iacute; es muy dif&iacute;cil llegar a proyectarlo. En esa situaci&oacute;n, los concursos adquieren unos peligrosos tintes de farsa: se dir&iacute;a que tratan de escoger &ldquo;lo mejor&rdquo;, cuando -en general: concursantes y jurados- desconocen la idea de &ldquo;lo bueno&rdquo;.</p>
<p>Los arquitectos que acarician la cincuentena se han formado generalmente con profesores que est&aacute;n aquejados del mismo desconcierto que alimenta sus esp&iacute;ritus, que no han tenido otro criterio de valoraci&oacute;n que &ldquo;lo que traen las revistas&rdquo;, y que han tenido que orientar a los alumnos sin estar ellos mismos orientados. De modo que son varias generaciones de arquitectos a la deriva lo que ha provocado la banalidad y desidia que luce la arquitectura, desde hace d&eacute;cadas, como digo.</p>
<p>Ver&aacute;n que no estoy refiri&eacute;ndome a los arquitectos del espect&aacute;culo y a sus obras -que, con independencia de su notoriedad, representan una porci&oacute;n insignificante de la nueva construcci&oacute;n- sino a los arquitectos an&oacute;nimos, aquellos que utilizan sus equ&iacute;vocas habilidades y sus atribuciones profesionales para ganarse la vida. Aquellos que contribuyen con sus obras al aspecto m&aacute;s general de nuestras ciudades.</p>
<p>Las &ldquo;estrellas&rdquo;, en este caso, tienen la doble funci&oacute;n de, por un lado, propagar la audacia y la desverg&uuml;enza entre los arquitectos comunes y, por otro lado, tranquilizarles la conciencia: en efecto, sus obras son una constante y ruidosa proclama de que &ldquo;ellos tampoco saben ni de d&oacute;nde vienen, ni d&oacute;nde van&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Antecedentes</h2>
<p>4/ El origen de la desorientaci&oacute;n que comento no se debe a una pandemia de amnesia, sino que la confusi&oacute;n est&aacute; determinada por: a/ la indefinici&oacute;n del cometido profesional y b/ la falta de un marco de referencia que proporcione criterios para el proyecto. Es decir, no se conoce el objeto del trabajo ni se dispone de recursos para alcanzarlo, lo que convierte la pr&aacute;ctica del proyecto en una actividad doblemente irresponsable que se retroalimenta: al no conocer el objetivo, cualquier criterio es bueno; al carecer de criterios, no se alcanza jam&aacute;s a vislumbrar el objetivo.</p>
<p>El efecto combinado de ambas carencias ha determinado que durante el &uacute;ltimo medio siglo, los arquitectos no han producido un saber acumulativo capaz de controlar el presente y servir de fundamento para el futuro. Tal situaci&oacute;n resulta dram&aacute;tica para cualquier actividad, pero es m&aacute;s perversa -si cabe- en el &aacute;mbito de la arquitectura que, por definici&oacute;n, se ha desarrollado sobre la experiencia constructiva y el proceso de su representaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a. Respecto al primer d&eacute;ficit -el cometido del arquitecto-, reconstruir el proceso de destecnificaci&oacute;n progresiva de los estudios para insistir en una artisticidad de opereta -que ha determinado la formaci&oacute;n del arquitecto de los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os- nos llevar&iacute;a a un curso de historia econ&oacute;mica y social, que cae muy lejos de mi prop&oacute;sito aqu&iacute;, ahora. Conste, no obstante, el proceso esbozado.</p>
<p>En realidad, parece que la noci&oacute;n de arquitecto que ha triunfado en el mundo est&aacute; muy lejos de la definici&oacute;n de la arquitectura como &ldquo;representaci&oacute;n de la construcci&oacute;n&rdquo;, donde la construcci&oacute;n es el objeto sobre el que act&uacute;a el filtro de la arquitectura. Se dir&iacute;a que el arquitecto actual es un &ldquo;constructor de conceptos&rdquo; que sufre la inc&oacute;moda disciplina que a un cometido tan intelectual imponen las miserias de la construcci&oacute;n material. &ldquo;&iexcl;Incluso, con pilares!&rdquo;, me dijo un profesor de proyectos para elogiar un trabajo m&iacute;o reciente. Su comentario trataba de peraltar el m&eacute;rito de mi proyecto: en efecto, que mostrase -&ldquo;incluso&rdquo;- la estructura era un plus de valor a su eventual claridad conceptual.</p>
<p>De todos modos, de lo que se aprecia al sobrevolar cualquier ciudad con el Google Earth. no parece que la proliferaci&oacute;n del &ldquo;arquitecto artista&rdquo; en el mundo haya sido un &eacute;xito, a tenor Las ciudades, en el mejor de los casos, muestran un centro de traza medieval, un ensanche de cariz decimon&oacute;nico y unas extensiones sin ascendencia ni identidad conocida. La mayor&iacute;a de ciudades, a partir de los a&ntilde;os sesenta, pierden su nombre y se convierten en universos amorfos, constituidos por episodios inmobiliarios que no responden a otro criterio de orden que el de escatimar escaleras y ascensores, y reducir al m&aacute;ximo espacios comunes.</p>
<p>En definitiva, los arquitectos han asumido con albricias una situaci&oacute;n c&oacute;moda para las administraciones: tener un responsable civil de cada construcci&oacute;n, que acepta un cometido subalterno, claramente prescindible, en el crecimiento de las ciudades.</p>
<p>En la construcci&oacute;n de los huecos de los ensanches -solares no edificados o fruto de derribos-, se ha puesto de manifiesto que la ciudad continua exige criterios arquitect&oacute;nicos coherentes; cuando menos, compatibles. Este no es el caso del &uacute;ltimo medio siglo, donde la intervenci&oacute;n en los ensanches se ha hecho con mentalidad de bricolaje, convirtiendo algunos sectores trazados a mediados del siglo XIX en un amasijo inorg&aacute;nico de construcciones no solo diversas, sino en muchos casos, incompatibles.</p>
<p>Cuando mayor es la escala de la intervenci&oacute;n, m&aacute;s dif&iacute;cil es reconocer el cometido ordenador del arquitecto, en contra de lo que parecer&iacute;a razonable. Los criterios de explotaci&oacute;n se imponen claramente a los de habitabilidad, limitando el cometido del proyecto a asegurar la accesibilidad a todos los bloques. Las calles se convierten en carreteras, con aceras para peatones.</p>
<p>La sumisi&oacute;n de las masas de arquitectos administrativos, a cambio de la exclusiva de legalizar construcciones, les ha permitido enriquecerse en &eacute;pocas de expansi&oacute;n, pero tan peculiar cometido, vaciado de cualquier dimensi&oacute;n t&eacute;cnica -y, no digamos, art&iacute;stica- se ha visto superado por la l&oacute;gica de la construcci&oacute;n masiva: con firma de arquitecto, pero sin ninguna arquitectura que la redima.</p>
<p>El papel de estilista en las pr&oacute;tesis urbanas y la funci&oacute;n de testigo mudo en las promociones suburbanas, no ha dejado al arquitecto en las mejores condiciones para afrontar las crisis econ&oacute;micas. Tal situaci&oacute;n ha relegado la demanda m&aacute;s generalizada a los concursos de poca monta y al proyecto-legalizaci&oacute;n de segundas residencias -cuando no, reformas de cocinas y ba&ntilde;os- para familiares y amigos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>b. La segunda carencia -la falta de un horizonte t&eacute;cnico y est&eacute;tico para el proyecto-, se debe a un doble malentendido: en efecto, la actual confusi&oacute;n en que moran con naturalidad los arquitectos es fruto de una idea equivocada del sentido est&eacute;tico de la modernidad.</p>
<p>No es aventurado decir que la modernidad art&iacute;stica es la mayor revoluci&oacute;n est&eacute;tica de la historia: en efecto, desde el Renacimiento no ha habido un cambio en los criterios de forma con un calado y trascendencia similares. La magnitud del cambio hizo pensar a sus cronistas que era precisamente la capacidad de cambiar permanentemente lo espec&iacute;fico de lo moderno, lo que les hizo centrar el foco en la apariencia de las obras y obviar los cambios esenciales en su estructura formal. Es frecuente leer que la modernidad supuso &ldquo;un cambio de lenguaje&rdquo;, es decir un modo distinto de decir las mismas cosas, lo que demuestra la falta de lucidez con que la cr&iacute;tica se enfrent&oacute; a la nueva arquitectura, creyendo que se trataba de una simple moda, tan notoria como ef&iacute;mera.</p>
<p>La ligereza con que los cr&iacute;ticos asumieron el destino de la &ldquo;revoluci&oacute;n constante&rdquo; acab&oacute; haciendo mella en la conciencia de los arquitectos. A pesar de las contradicciones entre la experiencia y sus escritos -en efecto, Mies van der Rohe, a quien no dudaban en ensalzar, se pas&oacute; la vida puliendo el mismo proyecto-, la cr&iacute;tica consigui&oacute; instaurar la idea de &ldquo;lo original&rdquo; como valor. Una acepci&oacute;n de lo original que lo vincula con lo ins&oacute;lito, lo sorprendente.</p>
<p>De ese modo, durante la segunda mitad del siglo XX los cr&iacute;ticos estuvieron ocupados en encontrar pretextos y conjeturas pseudote&oacute;ricas que tomasen el relevo de &ldquo;una modernidad superada&rdquo;. As&iacute;, organicismo, realismo, historicismo, brutalismo, inclusivismo, sintacticismo, complejidad y contradicci&oacute;n,<em> razionalismo</em>, contextualismo, regionalismo cr&iacute;tico y decostructivismo son algunas de las creencias que han ido ocupando sucesivamente las p&aacute;ginas de la prensa especializada.</p>
<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, a la vez que se aprecia un dudoso inter&eacute;s por la arquitectura moderna, m&aacute;s motivado por la austeridad a que ha conducido la crisis que por ninguna convicci&oacute;n seria, se ha instituido el &ldquo;cambio permanente&rdquo; como categor&iacute;a definitiva de la &ldquo;modernidad contempor&aacute;nea&rdquo;, ahora amparado con el mito comercial de la innovaci&oacute;n: &ldquo;la arquitectura es emblem&aacute;tica o no existe&rdquo;.</p>
<p>5/ En cuanto al sentido est&eacute;tico del cambio, se recurri&oacute; a varios t&oacute;picos para que la nueva arquitectura alcanzase la plausibilidad de la que gozaba, a pesar de todo, un clasicismo en decadencia:<em> funcionalidad, racionalidad y maquinismo</em> son los fetiches conceptuales que utilizaron los cr&iacute;ticos para explicar una arquitectura cuyo fundamento est&eacute;tico no acababan de entender.</p>
<p>En cuanto a la primera: <em>&ldquo;form folows function</em>&rdquo; es la frase que m&aacute;s ha perjudicado a la arquitectura desde que fue pronunciada: no; la forma no sigue -ni se desprende- de la funci&oacute;n, sino que la forma contiene la funci&oacute;n como parte de su propia consistencia arquitect&oacute;nica. Una forma que no contenga la funci&oacute;n que ordena es un mero ejercicio sint&aacute;ctico, sin relaci&oacute;n alguna con lo arquitect&oacute;nico.</p>
<p>La insistencia con que algunos arquitectos importantes se refirieron a la funci&oacute;n se debe a su prop&oacute;sito de encontrar legitimidad objetiva a una arquitectura sin precedentes.</p>
<p>La racionalidad de la que hablan los cronistas de la modernidad tiene su origen en su dificultad para captar en sentido visual de los nuevos edificios: les parecen fr&iacute;os, impersonales, mec&aacute;nicos, racionales. El abandono de la m&iacute;mesis que consum&oacute; la arquitectura moderna obligo a la cr&iacute;tica a encontrar referencias plausibles para la nueva imagen. Abandonados, tanto la naturaleza abstracta del clasicismo, como la naturaleza estilizada del <em>Art Nouveau</em>, la cuesti&oacute;n de la figuraci&oacute;n moderna se resolvi&oacute; con la expresi&oacute;n &ldquo;est&eacute;tica de la m&aacute;quina&rdquo;.</p>
<p>M&aacute;s all&aacute; del parecido de algunos edificios modernos con buques de gran tonelaje, la cuesti&oacute;n de la apariencia desenfoca el fundamento de la arquitectura moderna: en efecto, la aportaci&oacute;n de la modernidad no se sit&uacute;a en el dominio de la figuraci&oacute;n, sino en el de la forma.</p>
<p>No se puede hacer una interpretaci&oacute;n m&aacute;s apresurada de las soflamas maquinistas de Le Corbusier: la m&aacute;quina representa en sus escritos un organismo estructurado con criterios de econom&iacute;a, precisi&oacute;n, rigor y universalidad, atributos ajenos a la eventual apariencia que adquiera en cualquier circunstancia.</p>
<p>Quien mira las estrellas, no el dedo que las se&ntilde;ala, sabe que m&aacute;s de un siglo antes, Emmanuel Kant, en su<em> Critica del juicio</em> (1790) propone los seres vivos como referencia para la obra de arte: en efecto, la finalidad de la obra de arte -sistema de relaciones que vincula sus partes- es an&aacute;loga a la de los seres vivos, con la diferencia de que, en el arte, dicha finalidad no est&aacute; orientada a un fin exterior a la propia consistencia del objeto y en la naturaleza tiene que ver con la existencia de vida, vino a decir Kant.</p>
<p>En definitiva, los atributos de econom&iacute;a, precisi&oacute;n, rigor y universalidad, que tambi&eacute;n est&aacute;n impl&iacute;citos en la m&aacute;quina, son los valores de la naturaleza que han servido de referencia para el arte de cualquier &eacute;poca.</p>
<p>Lo peor no es la falsedad de estas instancias como determinantes del proyecto -la funci&oacute;n, la raz&oacute;n y la m&aacute;quina-, sino la creencia que fomentan seg&uacute;n la cual, a partir de la funci&oacute;n, aplicando la raz&oacute;n y la &ldquo;est&eacute;tica de la m&aacute;quina&rdquo;, se puede proyectar un edificio &ldquo;de la nada&rdquo;. Recu&eacute;rdese la c&eacute;lebre imagen del &ldquo;papel en blanco&rdquo; que usan muchos profesores particularmente entusiastas de la &ldquo;ense&ntilde;anza creativa&rdquo;.</p>
<p>Solo un precipitado, se atrever&iacute;a a hablar del &ldquo;papel en blanco&rdquo;, haciendo gala de su desprecio de la experiencia o, lo que es peor, de su desconocimiento del pasado: el rechazo a la experiencia es probablemente el efecto m&aacute;s pernicioso de los cronistas de la modernidad, precisamente el que justific&oacute; la sarta de creencias infantiles con que se ha tratado de jubilar la arquitectura moderna, a lo largo de los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os.</p>
<p>Un rechazo de la experiencia que provoc&oacute; la ilusi&oacute;n de que la arquitectura moderna hace los edificios a medida del programa, sin la mediaci&oacute;n de instancias formales previas, lo que supone la instauraci&oacute;n de la chapuza del remend&oacute;n como modo de proceder: es decir, la adecuaci&oacute;n sintom&aacute;tica de los edificios a sus programas. No se trataba ya -como hab&iacute;a ocurrido a lo largo de la historia- de encontrar arquetipos formales compatibles con el programa al que atienden por su analog&iacute;a estructural, sino de producir un edificio para cada ocasi&oacute;n, capaz de satisfacer los aspectos contingentes de un programa casi siempre mal formulado.</p>
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<p>6/ La arquitectura moderna se basa en una nueva idea de forma explorada por las vanguardias pict&oacute;ricas constructivas:<em> neoplasticismo, suprematismo y purismo</em>: una forma en la que la simetr&iacute;a se cambia por el equilibrio; la unidad, por la cohesi&oacute;n, la coherencia, por la consistencia, y la igualdad, por la equivalencia. Sin renunciar un &aacute;pice a la sistematicidad clasicista, la forma moderna ordena sin recurrir a la jerarqu&iacute;a axial, usando la clasificaci&oacute;n equilibrada.</p>
<p>No se trata, como se ve, de un mero cambio en la apariencia, provocado por le emergencia de &ldquo;un nuevo lenguaje&rdquo;, cuya contingencia convierte en obsoleto en pocos a&ntilde;os, sino de un cambio radical en los atributos del orden, cuya trascendencia impide que se agote &ldquo;en el arco temporal de una vida&rdquo;, como recordaba Colin Rowe en la introducci&oacute;n a <em>Five Architects</em> (1972).</p>
<p>Ese cambio radical, no supone un cambio en el objetivo de la arquitectura, que contin&uacute;a siendo &ldquo;representar la construcci&oacute;n&rdquo;, sino que da m&aacute;s margen de acci&oacute;n al arquitecto, en tanto que ampl&iacute;a el terreno de juego y modifica la acci&oacute;n de las reglas, pero no renuncia un pelo al cometido ordenador de la arquitectura hist&oacute;rica, por el contrario, lo incrementa e intensifica.</p>
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<p>7/ As&iacute; las cosas, solo la ignorancia -en una combinaci&oacute;n perfecta con una irresponsabilidad sin causa- se atrevi&oacute; a jubilar la arquitectura moderna a las pocas d&eacute;cadas de sus primeras manifestaciones, precisamente, cuando estaba dando sus mejores frutos: los ataques m&aacute;s virulentos contra la forma moderna se dieron durante la construcci&oacute;n del<em> Seagram Building</em>, de Mies van der Rohe (1956-58).</p>
<p>Los profesionales de a pie no entendieron jam&aacute;s la decisi&oacute;n: de hecho, siguieron practicando lo que hab&iacute;an aprendido unos a&ntilde;os m&aacute;s, hasta que la presi&oacute;n de los cr&iacute;ticos fue insoportable para unos arquitectos adiestrados a usar criterios, no a cuestionar el sentido est&eacute;tico de su abandono.</p>
<p>Hace quince a&ntilde;os, hablando con Mario Roberto &Aacute;lvarez, le mostraba mi admiraci&oacute;n por la contundencia con que segu&iacute;a proyectando con criterios modernos, cuando el mundo de los arquitectos se pirraba por el<em> brutalism</em>. &rdquo;No obstante, tu seguiste fiel a la arquitectura moderna&rdquo;, le dije. &ldquo;Pero, &iquest;es que hay otra?&rdquo;, me respondi&oacute;.</p>
<p>Efectivamente, no hay otra. Pero es dif&iacute;cil que un profesional llegue a esa conclusi&oacute;n, porque no lo han preparado para llegar a ese tipo de conclusiones te&oacute;ricas: simplemente lo han instruido para aplicar criterios precisos con los que proyectar edificios consistentes. Si cambian los criterios, un buen profesional cambia la respuesta, con independencia del sentido est&eacute;tico de la nueva ley.</p>
<p>Solo los arquitectos que a la solvencia profesional a&ntilde;aden una gran lucidez intuitiva lograron zafarse de la consigna que se generalizo a finales de los a&ntilde;os cincuenta del siglo XX: &ldquo;la modernidad ha muerto&rdquo;.</p>
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<h2>Propuesta</h2>
<p>8/ Quiero advertir que -como ha sido una constante en mi actividad did&aacute;ctica- no tratar&eacute; de proponer una &ldquo;teor&iacute;a del proyecto&rdquo; como instancia operativa: mostrar&eacute; los criterios con que afronto las distintas situaciones de proyecto, con la esperanza de que las adopte-&ndash;o, simplemente, se interese por ellas- quien las considere &uacute;tiles. As&iacute;, a menudo recurrir&eacute; al axioma avalado por la experiencia, m&aacute;s que a la argumentaci&oacute;n te&oacute;rica que deriva de la reflexi&oacute;n.</p>
<p>Lo anterior no significa que renuncio a la reflexi&oacute;n te&oacute;rica. Recurrir&eacute; a ella siempre que el desarrollo del proyecto lo aconseje, de modo que la teor&iacute;a cumpla su cometido aut&eacute;ntico: asistir a quien proyecta, cuando el proyecto se encalla.</p>
<p>La teor&iacute;a no es un sistema de preceptos operativos, como muchos creen, sino la tentativa de responder a trav&eacute;s de la reflexi&oacute;n a aquellas cuestiones que el sentido com&uacute;n no es capaz de aclarar. As&iacute; las cosas, es muy dif&iacute;cil que las respuestas que uno encuentra a esas cuestiones sirvan para otros que probablemente se plantean preguntas diferentes. En definitiva, la teor&iacute;a sirve para identificar nudos problem&aacute;ticos que conviene esclarecer, m&aacute;s que para dar instrucciones &uacute;tiles para la pr&aacute;ctica del proyecto.</p>
<p>A menudo se recurre a la teor&iacute;a como un &aacute;mbito de verdades aut&oacute;nomas, capaz de sobrevivir sin ning&uacute;n sobresalto que plantee la pr&aacute;ctica: as&iacute;, quienes se dedican a &ldquo;la teor&iacute;a&rdquo; suelen verlo como una alternativa inmaculada de la pr&aacute;ctica. No; a eso le llamo pr&aacute;ctica discursiva, capaz de desarrollarse con independencia de la arquitectura, como se ha visto en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, pero sin otra incidencia en el proyecto que el efecto negativo de inhibir el juicio.</p>
<p>De todos modos, quien tenga inter&eacute;s en profundizar en alg&uacute;n aspecto, m&aacute;s all&aacute; de lo desarrollado en el curso, puede recurrir a los escritos que constan en mi <em>web</em>, en el apartado de escritos y conferencias. Concretamente, puede resultar &uacute;til la lectura atenta del escrito &ldquo;Arquitectura, juicio y proyecto&rdquo; (2015).</p>
<p>Quiero advertir que mi aproximaci&oacute;n a la arquitectura trata de afrontar con seriedad y rigor su condici&oacute;n de sistema art&iacute;stico que media entre la construcci&oacute;n y la obra. No obstante, la analog&iacute;a con la m&uacute;sica me permite acaso definir mejor mi perspectiva: si, a lo largo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, se ha asociado el arquitecto con el compositor que &ldquo;crea de la nada&rdquo;, sin otro bagaje t&eacute;cnico que su &ldquo;creatividad&rdquo;, mi planteamiento relaciona su trabajo con el del interprete que traduce la m&uacute;sica de otros y, al hacerlo, aprende los fundamentos de la propia m&uacute;sica desde dentro. Entre los interpretes -instrumentistas o directores de orquesta-, quien se lo propone y tiene talento para llevarlo a cabo, afronta la composici&oacute;n. De modo similar a como entre los buenos traductores literarios suelen salir buenos escritores.</p>
<p>Esta reflexi&oacute;n tiene que ver con la recurrente pregunta sobre si la arquitectura es un arte. En efecto, la confusi&oacute;n de la arquitectura, como sistema est&eacute;tico, con los arquitectos, como gestores y ejecutores, hace plantearse a algunos una cuesti&oacute;n que queda deber&iacute;a tenerse resuelta en los primeros a&ntilde;os de ense&ntilde;anza media: en efecto, la arquitectura, como sistema que media entre la construcci&oacute;n material y su representaci&oacute;n visual es un arte, sin duda alguna. Ahora bien, la arquitectura, entendida en su acepci&oacute;n m&aacute;s banal, como el conjunto de los edificios que pueblan la tierra, efectivamente, no tiene nada que ver con el arte.</p>
<p>As&iacute;, &iquest;debemos concluir que la arquitectura es un arte, pero sus productos no son art&iacute;sticos? Un ejemplo aclarar&aacute; la aparente paradoja: la medicina es una ciencia y, en cambio, la mayor&iacute;a de los m&eacute;dicos no pueden considerarse unos cient&iacute;ficos, sino unos profesionales formados en la t&eacute;cnica de salvaguardar y caso recuperar la salud, usando recursos producto de la ciencia. Pues bien, los arquitectos -en el mejor supuesto- son unos t&eacute;cnicos, formados para manejar criterios de la arquitectura, sin que ello les acredite como artistas. Solo en el caso de que su pr&aacute;ctica supere el nivel de la gesti&oacute;n para abordar la construcci&oacute;n de universos formales dotados de sentido hist&oacute;rico y consistencia formal -es decir, afrontar la construcci&oacute;n de obras de arte, se pueden considerar artistas.</p>
<p>Es razonable pensar, por tanto, que es inevitable pasar por un estadio de pr&aacute;ctica t&eacute;cnica, en el que se gestionan t&eacute;cnicamente criterios propios de un sistema art&iacute;stico, si se quiere entrar en el dominio de la pr&aacute;ctica art&iacute;stica.</p>
<p>As&iacute; han actuado los arquitectos a lo largo de la historia y no hay motivo para pensar que las cosas hayan cambiado: por el contrario, la desorientaci&oacute;n y el desconcierto que provoca no disponer de un sistema convencional de criterios fiables deber&iacute;a acentuar la conveniencia de la &ldquo;interpretaci&oacute;n&rdquo; como paso previo a la &ldquo;composici&oacute;n&rdquo;. Interpretar una arquitectura existente presupone la acci&oacute;n del juicio sobre que arquitectura tomar como referencia, es decir, obliga a reconocer los valores sobre los que asentar el proyecto. Reconstruir la mejor arquitectura del pasado es el mejor modo de sentar las bases para proyectar la arquitectura actual y, as&iacute;, orientar la arquitectura del futuro.</p>
<p>Bernardo Rossellino fue maestro de obras en la construcci&oacute;n del Palacio Rucellai, con proyecto de L. B. Alberti. El papa Pio II -es decir, Enzo Piccolomini- encarg&oacute; a B. Rossellino el proyecto y construcci&oacute;n de la Plaza de Pienza, incluyendo la catedral y el palacio. La experiencia acumulada por B. Rossellino en el Palacio Rucellai le sirvi&oacute; para introducir peque&ntilde;os -pero decisivos- cambios en el Palacio Piccolomini que contribuyen a mejorar el proyecto de L. B. Alberti. Probablemente, desde entonces, B. Rossellino fue considerado arquitecto.</p>
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<p>9/ Los datos de la realidad no revelan un inter&eacute;s por la arquitectura de los que gobiernan la construcci&oacute;n el mundo comparable al que hubo a mediados del siglo pasado, pero, si por un casual la tendencia se revirtiese, &iquest;con que arquitectos contar&iacute;an los nuevos promotores?</p>
<p>Si no se quiere navegar por un limbo ingr&aacute;vido donde &ldquo;cualquier viento es bueno, porque no se sabe d&oacute;nde va&rdquo;, hay que tener criterios de orden a los que referir las decisiones de proyecto. Sin esos criterios se desconocer&aacute; de que arquitectura del pasado hay que partir, si no se quiere &ldquo;descubrir la p&oacute;lvora&rdquo; a cada momento. Tales criterios de juicio -es decir, de reconocimiento de los valores de la arquitectura, por tanto, de cr&iacute;tica y de acci&oacute;n- exigen la existencia de un marco est&eacute;tico: no pueden inferirse en cada caso sin aludir a un sistema de valores que les da sentido.</p>
<p>La construcci&oacute;n de un marco como el referido no es tarea f&aacute;cil; menos a&uacute;n, en un entorno en el que los arquitectos se han acostumbrado a seguir &ldquo;lo que traen las revistas&rdquo;, sin preguntarse por el sentido de esas novedades.</p>
<p>Ser profesor en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os ha sido una actividad equ&iacute;voca, por el desamparo en que han tenido que actuar, pero que -por ese mismo motivo- ha propiciado la impostura. En realidad, tampoco la mayor&iacute;a de los profesores son tan despistados como algunas veces parecen: la mayor&iacute;a de ellos han sido v&iacute;ctimas de tener que ense&ntilde;ar algo que, en el fondo, desconoc&iacute;an.</p>
<p>Es evidente, pues, que el problema fundamental para el arquitecto de hoy es la falta de criterios de juicio debido a que no dispone de un sistema de valores que fundamenten tales criterios. Ese marco de referencia, a lo largo de la historia, lo ha suministrado la tradici&oacute;n, es decir, el conjunto sistem&aacute;tico de principios, criterios y formas que una generaci&oacute;n transmite y entrega a la siguiente.</p>
<p>En definitiva, el abandono de la tradici&oacute;n cl&aacute;sica que supuso la adopci&oacute;n de la forma moderna fue interpretado por los cr&iacute;ticos como la abolici&oacute;n de la idea misma de tradici&oacute;n: sin tradici&oacute;n el arquitecto va a la deriva en un universo ingr&aacute;vido sin criterios ni referencias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>10/ Si -como se ha visto- el problema esencial de la desorientaci&oacute;n actual es la ausencia de criterios de juicio que ayuden a la toma de decisiones, el tr&aacute;mite previo es conocer el cometido de la pr&aacute;ctica del proyecto, en otras palabras, &ldquo;saber a qu&eacute; se juega&rdquo;. Estoy convencido de que el problema esencial de la reflexi&oacute;n te&oacute;rica de la arquitectura a lo largo de la segunda mitad del siglo XX ha sido la cuesti&oacute;n sobre el sentido est&eacute;tico de la modernidad, es decir, el identificar el horizonte est&eacute;tico de la pr&aacute;ctica del proyecto.</p>
<p>En mi caso, como dije, he dedicado los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os a identificar el sentido aut&eacute;ntico de la arquitectura moderna, no solo a trav&eacute;s de la reflexi&oacute;n te&oacute;rica -aspecto, sin duda, importante de mi actividad-, sino sobre todo por medio del reconocimiento visual de la gran arquitectura de mediados del siglo XX. As&iacute;, he conseguido, por una parte, definir el horizonte est&eacute;tico de mi pr&aacute;ctica del proyecto y, por otra, adquirir los recursos necesarios para llevarla a cabo.</p>
<p>No ha sido tarea f&aacute;cil: me ha obligado a vivir contra corriente, pero acompa&ntilde;ado por la gran arquitectura moderna -no solo la de los c&eacute;lebres &ldquo;maestros&rdquo;-, que he ido descubriendo progresivamente, prescindiendo de los &ldquo;reyes por un d&iacute;a&rdquo; que cada d&eacute;cada las revistas ensalzaban y elevaban a los altares de la fama.</p>
<p>He ido viendo como los famosos del tiempo ca&iacute;an en el olvido a los pocos a&ntilde;os de ocupar las revistas, mientras los arquitectos que me interesaban agrandaban su figura con el paso de los a&ntilde;os.</p>
<p>En definitiva, he ido estableciendo mi propia tradici&oacute;n, lo que me ha permitido actuar con un marco de referencia riqu&iacute;simo en amplitud y diversidad que da recursos y versatilidad a mis proyectos.</p>
<p>Me he decidido contar, para esta ocasi&oacute;n, las carpetas de mi archivo de arquitectos de cabecera y mi sorpresa ha sido que, lejos de los setenta u ochenta que supon&iacute;a que la integran, mi archivo est&aacute; compuesto por m&aacute;s de 150 entradas, dentro de cada una de las cuales hay varias docenas de carpetas, dedicadas cada una a una obra en exclusiva. Todo este archivo se compone de varios cientos de miles de im&aacute;genes perfectamente catalogadas, a las que puedo acceder en segundos.</p>
<p>Doy este dato porque de un tipo exigente como yo cabr&iacute;a esperar un iconostasio de media docena de admirados, a lo sumo. &ldquo;A usted no le interesa casi nadie, &iquest;no?&rdquo;, me han dicho alumnos y amigos, en ocasiones. &ldquo;Ya ven: m&aacute;s de 150 arquitectos de quienes he aprendido algo. Dudo que, en una hora, todos ustedes juntos, incluso usando revistas del momento, lograsen reunir una cifra parecida&rdquo;, les respond&iacute;, en una ocasi&oacute;n. Es evidente que la edad juega a mi favor, pero, tambi&eacute;n la amplitud que da a mi mirada el actuar m&aacute;s con criterios que con notoriedades.</p>
<p>Hace casi veinte a&ntilde;os, un buen amigo, que me ayudaba a compaginar <em>Curso b&aacute;sico de proyectos</em> (1998), me dijo: &ldquo;Tienes curiosidad por saber los a&ntilde;os a que pertenecen las im&aacute;genes con que ilustras el libro. Me he entretenido en anotarlos: ochenta por ciento corresponden a los a&ntilde;os cincuenta y sesenta, trece por ciento son anteriores a esos a&ntilde;os y solo siete por ciento se acabaron en los a&ntilde;os setenta o posteriores&rdquo;.</p>
<p>Esboc&eacute; una sonrisa de sosiego, y se me debi&oacute; iluminar el rostro de alegr&iacute;a: era la prueba de que mi mirada segu&iacute;a en forma: se trataba de im&aacute;genes escogidas por su calidad, sin que conociera en la mayor&iacute;a de los casos a que arquitecto pertenec&iacute;an; solo recordaba -eso s&iacute;- la ciudad donde las tom&eacute;. Me tranquiliz&oacute; el hecho de que mis actos respondieran perfectamente a mis preferencias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>11/ Bien, pero, &iquest;c&oacute;mo se aprenden esos criterios de juicio?, dir&aacute; alguno. La mayor&iacute;a de arquitectos de los que usted habla no debieron escribir en su vida. Efectivamente, no debieron escribir y, si lo hicieron, desconozco sus textos: me han interesado sobre todo por sus proyectos arquitect&oacute;nicos. A estas alturas de mi confesi&oacute;n, habr&aacute;n advertido que aprendo a trav&eacute;s de la mirada atenta de sus obras. O, mejor, de la mirada l&uacute;cida de las fotos de sus obras.</p>
<p>Aunque sea solo un breve excurso, quiero dejar constancia de mi agradecimiento entusiasta a los fot&oacute;grafos de &ldquo;las d&eacute;cadas prodigiosas&rdquo; -a&ntilde;os 50&rsquo;s y 60&rsquo;s del siglo XX- por su labor inestimable de transmisi&oacute;n de los valores formales de la arquitectura moderna. A menudo, los grandes fot&oacute;grafos -desde Francesc Catal&agrave; Roca, hasta Ezra Stoller o Julius Shulman, por hablar de tres muy conocidos- supieron captar los valores formales de la arquitectura moderna porque dispon&iacute;an de una mirada cultivada y atenta a los criterios formales de la modernidad. Unos valores y criterios que, si bien aparecieron en la pintura, la arquitectura fue su principal beneficiaria.</p>
<p>Acaso sorprenda lo que digo a quienes se han formado en un conceptualismo miope, a falta de otras instancias de verificaci&oacute;n del proyecto. El abandono de cualquier horizonte est&eacute;tico que suministre los criterios de juicio provoc&oacute;, a mediados de los a&ntilde;os sesenta, una obsesi&oacute;n por &ldquo;la idea&rdquo; o &ldquo;el concepto&rdquo; -&ldquo;el partido&rdquo;, dicen, en el cono sur- como elemento legalizador del proyecto. &ldquo;Si un edificio responde a la idea que el arquitecto se plante&oacute; al comienzo, puede considerarse adecuado el proyecto que lo describe&rdquo;: sobre esa creencia se ha basado gran parte de la peor arquitectura del &uacute;ltimo medio siglo.</p>
<p>El mito del &ldquo;concepto&rdquo; ven&iacute;a a resolver la orfandad est&eacute;tica en que proyecta quien no dispone de un sistema al que referir las decisiones, con un costo alt&iacute;simo: la renuncia a la visualidad como v&iacute;a por la que se reconoce la forma arquitect&oacute;nica. De ese modo, esa ficci&oacute;n ha eliminado la visualidad del horizonte de los arquitectos y ha instaurado una incultura visual que tiene mucho que ver con el &ldquo;fe&iacute;smo&rdquo; y el gusto por la malformaci&oacute;n que menudea en la arquitectura actual.</p>
<p>Reivindicar la visualidad en arquitectura es como reivindicar la sonoridad de la m&uacute;sica, una obviedad innecesaria. Los hay que se pirran por leer partituras: es una distracci&oacute;n inocua, pero tiene poco que ver con la gratificaci&oacute;n est&eacute;tica que deriva de la audici&oacute;n de la m&uacute;sica. A quien act&uacute;a as&iacute;, en el mejor de los casos, le basta con &ldquo;entender&rdquo; los criterios de composici&oacute;n de la obra. En muchas ocasiones, se siente recompensado con descubrir los pasajes que el director ha suprimido o alterado.</p>
<p>No se trata, en cambio, de &ldquo;mirar para reproducir&rdquo;, aunque la mayor&iacute;a de las veces ser&iacute;a mejor una copia competente que una interpretaci&oacute;n equivocada. La mirada cultivada trata de ver en lo peculiar principios universales que trasciendan el caso que se observa, en definitiva, el que sabe mirar convierte las soluciones en criterios. As&iacute;, la arquitectura del pasado no se reduce a un mero repertorio de recursos concretos, sino que se asume como fuente de criterios gen&eacute;ricos que dar&aacute;n lugar a arquitecturas siempre renovadas.</p>
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<p>12/ &ldquo;En arte, solo lo mejor es aceptable&rdquo;: esa ha sido la m&aacute;xima que ha marcado desde siempre mi relaci&oacute;n con la arquitectura. En consecuencia, he apuntado siempre a la excelencia, tanto en mis proyectos como en sus referencias, distinguiendo perfectamente entre la actualidad y la vigencia: no me ha preocupado centrar mi inter&eacute;s en arquitectura del pasado inmediato, convencido de su vigor, por encima de la arquitectura m&aacute;s celebrada del presente.</p>
<p>Podr&iacute;a decirse que en mis preferencias he atendido m&aacute;s a la historia -en el sentido riguroso del t&eacute;rmino- que a la cr&oacute;nica period&iacute;stica de la actualidad.</p>
<p>&ldquo;Pero, esa arquitectura de la que usted habla es de hace cincuenta a&ntilde;os&rdquo;, pensar&aacute; m&aacute;s de uno. Efectivamente: por eso he dedicado mis proyectos a recuperar la continuidad con esa arquitectura, interrumpida por el irresponsable abandono de sus criterios de orden. Mis esfuerzos se han encaminado a proveerme de una tradici&oacute;n que la cr&iacute;tica anul&oacute;, convencido de que la historia no se cambia con simples decretos.</p>
<p>Digo continuidad, lo que significa proceso, no repetici&oacute;n o pastiche: no le costar&aacute; esfuerzo al espectador con la mirada cultivada identificar los elementos que dan historicidad a mis proyectos, m&aacute;s all&aacute; de la localizaci&oacute;n hist&oacute;rica de sus referencias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>13/ &ldquo;La forma no es el objeto de la arquitectura, sino que es su inevitable resultado&rdquo;. Esta sentencia de Mies van der Rohe ha servido para argumentar lo contrario de lo que intentaba decir: se ha interpretado como que la forma es el resultado inevitable de la atenci&oacute;n a la utilidad, cuando trataba de decir que aun cuando lo esencial del edificio no es la forma, la concreci&oacute;n f&iacute;sica del inmueble no puede sustraerse de criterios formales.</p>
<p>La diferencia fundamental entre la obra de los arquitectos de hace medio siglo en que baso mi arquitectura y mis proyectos es que yo parto de que &ldquo;la forma no es pecado&rdquo;. Hace a&ntilde;os, titul&eacute; un libro: <em>El formalismo esencial de la arquitectura moderna</em> (2008). La idea que transmite el t&iacute;tulo da muestra de la perspectiva con que afronto el proyecto y mi convicci&oacute;n acerca de una noci&oacute;n de modernidad que los profesionales de los a&ntilde;os cincuenta no se atrevieron ni a pensar.</p>
<p>No solo la experiencia del tiempo pasado, sino -sobre todo- la diferente perspectiva con que afronto el proyecto, marca los momentos distintos del proceso hist&oacute;rico en que se encuentra mi arquitectura y sus referencias.</p>
<p>Por tanto, no s&eacute; si peco de inmodesto al decir que mi arquitectura trata de recuperar la tradici&oacute;n moderna -interrumpida, como se sabe, a mediados de los a&ntilde;os sesenta-, mediante la compresi&oacute;n en una d&eacute;cada del proceso interrumpido durante m&aacute;s de medio siglo. No es que proyecte como en los a&ntilde;os cincuenta, sino que trato de proyectar como se proyectar&iacute;a en la actualidad, si no se hubiera interrumpido el modo moderno de proyectar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>14/ Una de las ligerezas que ha propagado la idea banal de modernidad (funcionalista-racionalista-maquinista) a la que me he referido antes es el prop&oacute;sito de hacer el edificio a medida del programa, entendiendo programa en sentido amplio. Es decir, la intenci&oacute;n candorosa de concebir un edificio para cada ocasi&oacute;n, de modo que el proyecto del edificio como universo aut&oacute;nomo y espont&aacute;neo se convierte en el objetivo esencial de la pr&aacute;ctica de la arquitectura.</p>
<p>Esa es la creencia que est&aacute; en la base de unos artefactos banales y toscos, que no llegaron a ser edificios, cuya cualidad fundamental -en el mejor de los casos- es responder una a una a las exigencias del programa. Cachivaches deformes e insolidarios, incapaces de compartir el espacio con edificios existentes o futuros, porque no est&aacute;n concebidos para trascender su propia desgracia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>15/ Los primeros edificios modernos tuvieron que afrontar programas desconocidos hasta entonces, lo que probablemente, en ese momento, justific&oacute; la obsesi&oacute;n por el &ldquo;edificio original y aut&oacute;nomo&rdquo; que comento.</p>
<p>No obstante, el paso del tiempo contribuy&oacute; a instituir los programas, de modo que se convirtieron en habituales los edificios que un par de d&eacute;cadas antes constitu&iacute;an novedad. Por otra parte, al profundizar en los atributos de la idea moderna de forma, los arquitectos llegaron a la conclusi&oacute;n de que la abolici&oacute;n de los tipos neocl&aacute;sicos sobre la que se funda la primera arquitectura moderna no presupone la abolici&oacute;n del recurso a arquetipos formales que est&aacute;n en la base de los grandes edificios de la historia: tanto edificios cl&aacute;sicos, como, modernos.</p>
<p>A finales de los a&ntilde;os sesenta, Alan Colquhoun public&oacute; un art&iacute;culo fundamental titulado &ldquo;Typology and Design Method&rdquo; (Perspecta (vol. 12, 1969), en el que argumenta la inevitabilidad de la conciencia tipol&oacute;gica, en pleno auge de los &ldquo;m&eacute;todos cient&iacute;ficos de proyecto&rdquo;.</p>
<p>Gordon Bunschaft llevo la arquitectura de SOM a la cima de calidad del siglo XX, repitiendo edificios casi literalmente, cuando las condiciones lo permit&iacute;an, y, en todo caso, usando arquetipos formales para afrontar problemas an&aacute;logos.</p>
<p>Hablo de repetir edificios y de usar arquetipos formales: ni uno ni otro supuesto entra dentro de lo que se conoce como tipolog&iacute;a clasicista. Repetir edificios es tomar uno de ellos como modelo de otros que responden a circunstancias similares, con un m&iacute;nimo de variaciones irrelevantes que determinan las respectivas localizaciones.</p>
<p>Usar arquetipos formales es reconocer que, si se profundiza en las relaciones b&aacute;sicas en que se basa la forma moderna, se llega a la conclusi&oacute;n que solo dos o tres relaciones tienen la dimensi&oacute;n universal que les permite trascender cada caso particular en el que se utilizan: paralelismo, deslizamiento y perpendicularidad, son probablemente las tres grandes estructuras formales sobre las que se ha elaborado la gran arquitectura de la historia; naturalmente, tambi&eacute;n la moderna.</p>
<p>Pues bien, la perspectiva con que desde la actualidad se contemplan la arquitectura de las grandes d&eacute;cadas -a&ntilde;os cincuenta y sesenta- permite identificar los criterios con que actuaban sus autores: la repetici&oacute;n -literal o anal&oacute;gica- de edificios es la pr&aacute;ctica m&aacute;s extendida. No hace falta recurrir a la obra de Mies van der Rohe -que insisti&oacute; pr&aacute;cticamente toda su vida en el mismo edificio- para constatar el peso de la experiencia en su modo de proceder.</p>
<p>Esa misma distancia temporal e hist&oacute;rica permite -en mi caso, es evidente- acentuar la dimensi&oacute;n universal de las relaciones, insistiendo en la noci&oacute;n de arquetipo formal, m&aacute;s all&aacute; de la tipolog&iacute;a arquitect&oacute;nica. En efecto, si la tipolog&iacute;a se establece en la confluencia de una organizaci&oacute;n espacial con un programa funcional, el arquetipo formal tiene una entidad m&aacute;s abstracta, previa a la arquitectura, que sugiere configuraciones universales, m&aacute;s fecundas y vers&aacute;tiles en sus relaciones con los programas.</p>
<p>Se trata, en definitiva, de identificar el arquetipo que tiene similitud estructural con el programa, en su expresi&oacute;n m&aacute;s gen&eacute;rica. Este planteamiento cambia el modo de proceder: se abandona la pretensi&oacute;n de proyectar edificios a medida del programa, para centrar el proyecto en identificar el arquetipo que puede ser compatible con la estructura b&aacute;sica del programa.</p>
<p>Este no es un modo de proceder nuevo: estoy convencido de que los grandes arquitectos siempre han actuado as&iacute;, aunque la explicaci&oacute;n funcionalista de la modernidad les imped&iacute;a confesarlo.</p>
<p>Hace poco vi una presentaci&oacute;n de un proyecto de Foster & ass. Junto al T&aacute;mesis que me hizo recordar algunas presentaciones del PFC de mi &eacute;poca de profesor: se trata de hacer un inventario de circunstancias y condiciones del lugar para que, al final, parezca que no hab&iacute;a otra soluci&oacute;n que el proyecto propuesto. Es un modo de entender la arquitectura que en los a&ntilde;os sesenta ya no se cre&iacute;a nadie m&aacute;s que los profesores de proyectos. Ahora, por lo que veo, Foster & ass. -y otros arquitectos estrella- comparten la creencia del determinismo circunstancial de la forma: probablemente les resulta muy &uacute;til a la hora de convencer a los clientes.</p>
<p>No quiero ocultar que para proceder como digo es necesario tener una cultura visual arquitect&oacute;nica amplia, as&iacute; como criterios de juicio solventes, para partir de las mejores propuestas para programas similares. Si no somos capaces de mejorarla, cuando menos no empeorarla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Materiales de la ciudad moderna</h2>
<p>16/ La aproximaci&oacute;n que propongo trata de afrontar la ciudad con los instrumentos de la arquitectura, es decir, con la capacidad de ordenar que deber&iacute;a caracterizar a los arquitectos: el marco de referencia de la ciudad que propongo es el &aacute;mbito de principios y criterios definido por los trabajos de los a&ntilde;os cincuenta de Van den Broek&Bakema, los proyectos urbanos de Le Corbusier, los trabajos en Chicago, Canad&aacute; y Detroit, de L. Mies van der Rohe -este &uacute;ltimo, en colaboraci&oacute;n con L. Hilberseimer- y por los proyectos anteriores de este &uacute;ltimo. La definici&oacute;n del marco ofrece pocas dudas acerca de la naturaleza claramente arquitect&oacute;nica de la aproximaci&oacute;n que planteo.</p>
<p>No se trata, en fin, de llevar los problemas urbanos al campo de la arquitectura, sino de afrontar unos y otra desde la perspectiva de un orden diverso y consistente, &aacute;mbito que nunca debieron abandonar.</p>
<p>Antes de iniciar el proyecto, se ha de disponer de un repertorio b&aacute;sico de los edificios de que se compone el fragmento urbano que se trata de ordenar: no debe olvidarse que la ciudad no se construye con ideas, sino con edificios y los criterios de orden que van a disciplinar su disposici&oacute;n.</p>
<p>Cajas, barras y torres, son los arquetipos b&aacute;sicos de los edificios que construyen la ciudad. As&iacute;, previo al curso, los asistentes habr&aacute;n elaborado modelos tridimensionales de esos arquetipos, de modo que puedan usarlos como materiales del proyecto.</p>
<p>Tambi&eacute;n se deber&aacute; disponer de modelos 3D de elementos de equipo y mobiliario urbano: son ingredientes complementarios de la ciudad, que ayudan a dar sentido y verosimilitud a los espacios p&uacute;blicos.</p>
<p>En el curso se suministrar&aacute;n ejemplos ilustres de organizaci&oacute;n urbana moderna y, sobre todo, se insistir&aacute; en cultivar el juicio a trav&eacute;s de la mirada interesada a episodios urbanos de ciudades bien construidas. Todo ello, a trav&eacute;s de la observaci&oacute;n de la tierra y las ciudades que proporcionan el <em>Google Earth</em> y el <em>Street View</em>.</p>
<p>Finalmente, disponiendo de los materiales e identificados los criterios de orden, se proceder&aacute; a la construcci&oacute;n del sector urbano objeto del curso. A lo largo del desarrollo de las sesiones, acompa&ntilde;ar&eacute; las diferentes propuestas, aconsejando las decisiones que puedan mejorar la de cada grupo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>17/ He esbozado las convicciones y criterios sobre los que baso mi modo de proyectar y he dicho antes que no voy a hacer un planteamiento te&oacute;rico del curso. Un curso que se desarrollar&aacute; en torno a un proyecto de un sector urbano de entre 10 y 15 hect&aacute;reas.</p>
<p>No conozco mejor medio para mostrar mi modo de proyectar que desarrollar yo mismo el proyecto, de modo que el curso arrancar&aacute; de mi propuesta para el proyecto a desarrollar. No porque sea mejor ni peor que otra, sino porque es la m&iacute;a.</p>
<p>Acaso sorprenda a m&aacute;s de uno que inicie el curso mostrando una propuesta para el sector urbano escogido: &iquest;Qu&eacute; gracia tiene seguir, si ya conocemos la soluci&oacute;n? -dir&aacute;n algunos. En este punto se plantea mi convicci&oacute;n p&oacute;stuma acerca del cometido del arquitecto: en efecto, proyectar no es adivinar o encontrar la soluci&oacute;n a un problema, porque el proyecto no es un problema, sino una pr&aacute;ctica que exige un aprendizaje para llevarla a cabo.</p>
<p>El identificar el proyecto con un problema es el origen de un estr&eacute;s innecesario, que ha acabado con el talento de muchos j&oacute;venes. Tiene que ver con una idea masoquista de arte, vinculada a una creatividad m&iacute;tica que se alcanza por la v&iacute;a de la una mezcla sutil de audacia e insensibilidad.</p>
<p>No; el proyecto no tiene que ver con la soluci&oacute;n de un problema, sino con el cumplimiento de unos requisitos formales, materiales y funcionales, lo que -por definici&oacute;n- no tiene una soluci&oacute;n &oacute;ptima, sino muchas soluciones satisfactorias.</p>
<p>As&iacute;, mi proyecto no debe ser considerado &ldquo;el proyecto&rdquo;, sino una de las propuestas que eventualmente cumplen con el objetivo, Cada cual puede usarlo del modo que considere m&aacute;s adecuado: como simple referencia o como gu&iacute;a casi literal para su propuesta. Puede ser usado asimismo como punto de partida para profundizar algunos aspectos de los muchos que, en mi propuesta, solo quedar&aacute;n esbozados.</p>
<p>Es un instrumento de trabajo y, como tal, lo aporto al curso. Pero, ello no deber&iacute;a invitar a nadie a manosearlo impunemente: en efecto, quien proyecta a partir de la experiencia adquiere la responsabilidad de no empeorar los proyectos de los que parte. Si no es capaz de mejorarlos, una reproducci&oacute;n inteligente es una de las mejores v&iacute;as para aprender.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>18/ No quiero acabar este p&oacute;rtico del curso sin hacer una breve referencia a los instrumentos del proyecto.</p>
<p>El proyectar con plantas y secciones ha sido el modo habitual de hacerlo, a falta de otros instrumentos de representaci&oacute;n m&aacute;s adecuados a la naturaleza constructiva de la arquitectura. Digo de representaci&oacute;n, porque plantas y secciones -incluso perspectivas i modelos f&iacute;sicos- no persiguen otra cosa que representar una realidad prefigurada.</p>
<p>La revoluci&oacute;n en los instrumentos de proyecto aparece cuando se ponen en circulaci&oacute;n modeladores tridimensionales digitales que permiten alcanzar la visi&oacute;n de la obra sin recurrir a la representaci&oacute;n, es decir, abordando el modelo con criterios constructivos an&aacute;logos a los de la construcci&oacute;n material.</p>
<p>No se trata de ver en perspectiva una realidad imaginada, sino de comprobar desde cualquier punto de vista una realidad construida.</p>
<p>La perspectiva ofrece un aspecto del edificio que no puede extrapolarse a otras visiones: es una visi&oacute;n singular. El modelo f&iacute;sico es una representaci&oacute;n material del aspecto exterior del edificio a trav&eacute;s de un objeto cuya construcci&oacute;n no tiene nada que ver con la construcci&oacute;n real del inmueble.</p>
<p>El modelo tridimensional digital permite comprobar cualquier aspecto del edificio y a la vez acceder a los pormenores de los que tal aspecto depende, con un simple gesto del dedo &iacute;ndice.</p>
<p>El motivo del uso de los planos en arquitectura se debe, por una parte, a que no se dispon&iacute;a de un instrumento alternativo y, por otra parte, a que a lo largo del clasicismo se trabajaba con un sistema arquitect&oacute;nico altamente institucionalizado, es decir, elaborado sobre una base convencional muy amplia. Este hecho determin&oacute; que los planos fueran m&aacute;s indicaciones para la construcci&oacute;n que instrumentos de verificaci&oacute;n del proyecto, porque los resultados eran f&aacute;ciles de prever, por su relaci&oacute;n directa con los modelos utilizados.</p>
<p>El proyecto moderno se bas&oacute; en modelos y tipos de edificios can&oacute;nicos, hasta los primeros a&ntilde;os sesenta. No obstante, los grandes arquitectos usaron la perspectiva como instrumento de verificaci&oacute;n, dado que su nivel de competencia para el dibujo manual lo permit&iacute;a.</p>
<p>Yo inici&eacute; los estudios de arquitectura el a&ntilde;o 1958 y soy de la segunda generaci&oacute;n de los que ya no dibujamos bien. No quiero ni pensar lo que vino despu&eacute;s. La fortuna del modelo material en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas es una prueba de la incompetencia de arquitectos y estudiantes para el dibujo.</p>
<p>Lo curioso es que -por razones que no quiero ni pensar- los instrumentos de modelado tridimensional digital son criticados en las escuelas y relegados a los &uacute;ltimos cursos de la carrera, cuando no, prohibidos directamente.</p>
<p>Todos los proyectos de mi archivo -que hago p&uacute;blico a trav&eacute;s de la web- han podido desarrollarse gracias a un modelador digital 3D y un renderizador, de los muchos que hay en el mercado. Todas las im&aacute;genes est&aacute;n elaboradas por m&iacute;, sin la colaboraci&oacute;n de nadie. Sea cual fuere la calidad de esos proyectos, he de reconocer que los instrumentos -modelador y renderizador- han tenido una incidencia decisiva en los resultados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XII-2016</p>]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title>DescripciÃ³n grÃ¡fica de intenciones o experiencia visual de la obra</title>
            <link>http://helio-pinon.org/escritos_y_conferencias/det-descripcion_grafica_de_intenciones_o_experiencia_visual_de_la_obra_i71049</link>
            <description>DescripciÃ³n grÃ¡fica de intenciones o experiencia visual de la obra  IV-2016</description>
            <pubDate>Tue, 10 Jan 2017 11:00:00 +0100</pubDate>
            <guid>http://helio-pinon.org/escritos_y_conferencias/det-descripcion_grafica_de_intenciones_o_experiencia_visual_de_la_obra_i71049</guid>
        <dc:creator>© Helio Piñón</dc:creator>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Quien dude acerca de la aportaci&oacute;n esencial de la tecnolog&iacute;a digital al proyecto de arquitectura, deber&iacute;a considerar lo siguiente. El dibujo, a&uacute;n en manos de un virtuoso, es un instrumento de representaci&oacute;n, es decir, act&uacute;a presentando la imagen plana de una realidad tridimensional. Por su propia naturaleza, favorece la dimensi&oacute;n figurativa de lo que es en realidad una construcci&oacute;n espacial.</p>
<p>En la fase del proyecto, el dibujo representa intenciones: en el mejor de los casos, esboza el prop&oacute;sito de quien act&uacute;a, sin permitir un juicio cr&iacute;tico riguroso sobre la propuesta. Este d&eacute;ficit no suele ser advertido por la mayor&iacute;a de arquitectos, porque su formaci&oacute;n &ldquo;conceptual&rdquo; trata m&aacute;s bien de eludir el momento del reconocimiento visual de las propuestas. Es m&aacute;s f&aacute;cil &ldquo;opinar&rdquo; sobre cualquier episodio de un documento plano que juzgar la consistencia formal de un episodio espacial. En efecto, la proyecci&oacute;n plana &ldquo;es m&aacute;s f&aacute;cil de conceptualizar&rdquo;, es decir, la proyecci&oacute;n plana facilita la reducci&oacute;n a concepto lo que en realidad deber&iacute;a ser fruto de la acci&oacute;n de los sentidos orientados por la raz&oacute;n.</p>
<p>Pero el uso de proyecciones planas en el proyecto no solo dificulta el juicio sobre lo que se va elaborando, sino que, en la medida en que pone el foco en la disposici&oacute;n de elementos en el plano, desvanece la espacialidad esencial de la arquitectura, lo que pervierte la mirada, poniendo el foco en aspectos en absoluto esenciales de la arquitectura.</p>
<p>El dibujo en perspectiva, a&uacute;n en el caso inhabitual de que est&eacute; resuelto con rigor m&eacute;trico, ofrecen un aspecto del edificio por cada imagen, lo que propicia el error de reducir la totalidad a una o dos vistas, consideradas principales. En realidad, m&aacute;s que para comprobar el edificio, el dibujo en perspectiva se ha utilizado para transmitir sus aspectos generales a los clientes o jurados de los concursos, cometidos ambos para los que la precisi&oacute;n no es un atributo determinante.</p>
<p>La fortuna de los modelos materiales en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se debe m&aacute;s al declive vertiginoso de la habilidad en el dibujo que a la su aportaci&oacute;n real a la conciencia del edificio: la maqueta en contadas ocasiones se usa como instrumento de proyecto, debido a lo limitado de su ayuda. Se ha usado, en general, como instrumento de venta: primero, del proyecto a la inmobiliaria y, despu&eacute;s, de la inmobiliaria a los compradores.</p>
<p>El dibujo, de todas maneras, aun cuando lleva al dominio de la representaci&oacute;n una realidad que es esencialmente constructiva, ha sido importante para la arquitectura, mientras no ha habido otro instrumento m&aacute;s adecuado, de un modo similar a como las sanguijuelas han aliviado a los hipertensos, mientras no exist&iacute;an f&aacute;rmacos espec&iacute;ficos.</p>
<p>El modelado digital procede construyendo, no representando: es decir, el modelo se construye a base de la articulaci&oacute;n de elementos constructivos, pero, a diferencia del modelo f&iacute;sico, determinado por las limitaciones del material que se utiliza, el programa inform&aacute;tico permite construir con elementos an&aacute;logos a los de la construcci&oacute;n real.<em> El modelo no se dibuja con l&iacute;neas, sino que se construye con elementos</em>: forjados, pilares, marcos, vidrios, barandillas, cielos rasos, etc., son elementos de la construcci&oacute;n material, a partir de los cuales s4e afronta el modelo digital. As&iacute;, el modelado digital exige un conocimiento claro y riguroso de la construcci&oacute;n arquitect&oacute;nica.</p>
<p>Esta exigencia tiene una dimensi&oacute;n claramente did&aacute;ctica, en cuanto que mejora la competencia constructiva, tanto t&eacute;cnica como formal, de quien lo utiliza. Este hecho bastar&iacute;a por si solo para justificar el uso sistem&aacute;tico del modelo digital en el proyecto de arquitectura desde el inicio de los estudios de arquitectura.</p>
<p>El proyecto definitivo se alcanza a trav&eacute;s de un proceso en el que el planteamiento de partida puede sufrir vicisitudes estimuladas por las fases intermedias por las que pasa el desarrollo. El proyectista con la mirada cultivada recibe los est&iacute;mulos de la verificaci&oacute;n visual de los distintos momentos por los que pasa el objeto de su trabajo. Una verificaci&oacute;n que en el modelado digital se aproxima mucho a la experiencia visual de la obra, por cuanto se realiza sobre un objeto tridimensional que puede ser visitado visualmente con su materialidad concreta, desde cualquier punto de vista, con cualquier situaci&oacute;n de asoleo, emplazado en su lugar, etc.</p>
<p>Es evidente que, ni contando con un equipo excelente de dibujantes, se puede disponer de una situaci&oacute;n similar, usando los instrumentos del dibujo tradicional.</p>
<p>Resumiendo: el uso de modelado digital: a/ introduce una disciplina constructiva que act&uacute;a en beneficio de la calidad de la obra, b/ estimula la solvencia constructiva -material y formal- de quien proyecta, al exigirle actuar no tanto sobre los elementos, cuanto sobre las relaciones entre ellos, y c/ permite un juicio cr&iacute;tico solvente sobre las diferentes fases del desarrollo del proyecto, y propicia la conciencia plena de los atributos del proyecto acabado.</p>
<p>En realidad, se trata de optar entre la descripci&oacute;n gr&aacute;fica de las intenciones y la experiencia visual de la obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV-2016</p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title>Arquitectura, juicio y proyecto</title>
            <link>http://helio-pinon.org/escritos_y_conferencias/det-arquitectura_juicio_y_proyecto_i69623</link>
            <description>Arquitectura, juicio y proyecto  11-IX-2015</description>
            <pubDate>Fri, 06 May 2016 10:00:00 +0100</pubDate>
            <guid>http://helio-pinon.org/escritos_y_conferencias/det-arquitectura_juicio_y_proyecto_i69623</guid>
        <dc:creator>© Helio Piñón</dc:creator>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>Premisa</h2>
<p>No se deber&iacute;a hablar de arquitectura sin aclarar previamente lo que se entiende por ella: en una situaci&oacute;n como la actual, caracterizada por la total falta de consenso sobre la naturaleza y el sentido del arte, confiar en el sobreentendido es un modo de fomentar el malentendido y, por tanto, la confusi&oacute;n; en definitiva, fomentar la ignorancia. La situaci&oacute;n se agrava m&aacute;s a&uacute;n -si cabe- cuando se habla de arquitectura moderna, el enunciado m&aacute;s equ&iacute;voco de cuantos pueblan el universo de lo arquitect&oacute;nico en general.</p>
<p>La arquitectura es acaso la &uacute;nica actividad humana que en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os no ha producido un saber acumulativo, lo que equivale a decir que no ha producido saber alguno: ha generado multitud de doctrinillas, casi siempre simples conjeturas -ef&iacute;meras, por lo toscas- con el prop&oacute;sito de reemplazar un sistema est&eacute;tico cuyo fundamento y sentido est&eacute;tico eran desconocidos por los objetores. Todos esos supuestos doctrinales han compartido el prop&oacute;sito de practicar el proyecto como si se tratase de una acci&oacute;n espont&aacute;nea y arbitraria, sin pasado ni otro prop&oacute;sito que dar p&aacute;bulo a la &ldquo;creatividad&rdquo;. Ello ha provocado la renuncia a las dos caracter&iacute;sticas esenciales de cualquier producto art&iacute;stico: la consistencia formal y el sentido cultural, es decir, hist&oacute;rico.</p>
<p>El abandono de los criterios modernos de proyecto &ndash;de la idea de forma que inaugura la modernidad art&iacute;stica- dejo a la arquitectura en un limbo est&eacute;tico, sin otros motivos para actuar que un ansia compulsiva de &ldquo;originalidad&rdquo; -entendida como cambio permanente-, que ha culminado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas con la exaltaci&oacute;n del mito de la &ldquo;innovaci&oacute;n&rdquo; como contrapartida est&eacute;tica de la novedad: mito comercial encaminado a peraltar el consumo compulsivo de bienes materiales.</p>
<p>Ello provoc&oacute; un efecto perverso que arruina la propia idea de arte y, por tanto, de experiencia est&eacute;tica: la sustituci&oacute;n de la idea de calidad por la de novedad. As&iacute; desaparece la noci&oacute;n cualitativa de valor est&eacute;tico, sustituida por la cuantitativa de cantidad de sorpresa. El fen&oacute;meno que describo supone, a la postre -utilizando un neologismo de ascendencia &ldquo;adorniana&rdquo;- una &ldquo;desartizaci&oacute;n&rdquo; de la arquitectura, es decir el desplazamiento de lo arquitect&oacute;nico de la esfera de lo art&iacute;stico a la de lo moral o, mejor, de lo costumbrista: la constataci&oacute;n de la novedad que subyace en la idea de originalidad tiene que ver con la costumbre -el h&aacute;bito-, pero nada que ver con el arte.</p>
<p>La novedad se vincula a la invenci&oacute;n y, m&aacute;s a&uacute;n, al efecto positivo que la supuesta invenci&oacute;n tiene en la conciencia de los espectadores. &iquest;Te ha gustado? Bueno, es original. Es frecuente escuchar como el espectador de cualquier actividad presuntamente art&iacute;stica asume que la &ldquo;originalidad&rdquo; es un valor en s&iacute; mismo. O mejor: es el valor esencial del arte.</p>
<p>No habr&iacute;a que insistir en que ambos hechos -invenci&oacute;n y sorpresa- no tienen nada que ver con el arte ni con su experiencia. El arte tiene que ver con la construcci&oacute;n de universos -pl&aacute;sticos, sonoros, espaciales- consistentes, capaces de asumir lo peculiar desde una perspectiva universal. Nada de ello tiene que ver con la trasgresi&oacute;n de lo existente como defiende la idea m&aacute;s extendida -la m&aacute;s banal- de modernidad.</p>
<p>Es obligado, al comenzar un discurso de esta naturaleza, definir la idea de arquitectura desde la que se va a hablar. Naturalmente, eso obliga a delimitar con precisi&oacute;n lo que se entiende por modernidad, mas all&aacute; de las versiones de sobremesa que abundan en escuelas y estanter&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Sobre arquitectura</h2>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;&ldquo;Es la representaci&oacute;n de la construcci&oacute;n&rdquo; (Schelling)</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;&ldquo;El juego sabio, correcto y magn&iacute;fico de los vol&uacute;menes bajo la luz&rdquo; (Le Corbusier)</p>
<p>Le Corbusier hace una descripci&oacute;n fenom&eacute;nica de la obra; para ello, utiliza un sustantivo y tres adjetivos que dan cuenta de la complejidad de lo arquitect&oacute;nico. <em>Juego</em>, en el doble sentido de proceso y resultado del mismo: en efecto, a semejanza del juego, el proyecto tiene unas reglas que controlan unas acciones encaminadas a un final indeterminado, pero no casual; el resultado es imprevisible, aunque no indiferente a las acciones que constituyen el proceso.</p>
<p><em>Sabio</em>, porque acumula el conocimiento del pasado, cada acci&oacute;n debe contar con todas las que le precedieron: es un juego en el que la conciencia de quien act&uacute;a trasciende el prop&oacute;sito de vencer; no se trata de alcanzar el objetivo, puesto que no hay ning&uacute;n objetivo prefijado por las reglas, sino que el prop&oacute;sito es de naturaleza distinta a la de las reglas observadas. Sabio, porque se da en el cruce de dos tiempos: el actual, que propicia la consistencia, y el hist&oacute;rico, que garantiza el sentido.</p>
<p><em>Correcto</em>, es decir que a trav&eacute;s del buen uso de las reglas aspira a la perfecci&oacute;n del resultado. Un resultado que, adem&aacute;s de perseguir la exactitud y la precisi&oacute;n, ha de resultar excelente, admirable: <em>magn&iacute;fico</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La definici&oacute;n de Le Corbusier incorpora muchos de los atributos de la arquitectura, desde el punto de vista de quien la reconoce y disfruta; se trata de la definici&oacute;n de un espectador de arquitectura inteligente y sensible. No abarca, en cambio, los aspectos de la arquitectura que tienen que ver con e proyecto y, por tanto, con la constituci&oacute;n de sus objetos. En efecto, &iquest;se puede hablar realmente de reglas, a prop&oacute;sito del proyecto? &iquest;C&oacute;mo debe entenderse el t&eacute;rmino &ldquo;correcci&oacute;n&rdquo;? &iquest;Qu&eacute; entiende Le Corbusier por &ldquo;magn&iacute;fico&rdquo;?</p>
<p>No trato de enmendar la plana a una de las aproximaciones a la arquitectura m&aacute;s solventes que se conocen, sino aprovechar precisamente los cabos sueltos que tiene la definici&oacute;n para delimitar con precisi&oacute;n el sentido que a mi juicio tiene lo arquitect&oacute;nico.</p>
<p>Dos palabras sobre la frase de Schelling: &ldquo;la arquitectura es la representaci&oacute;n de la construcci&oacute;n&rdquo;. Como se ve, Schelling, en una formulaci&oacute;n pronunciada seguramente hace dos siglos, trata de definir el estatuto art&iacute;stico de la arquitectura delimitando su cometido en el universo m&aacute;s amplio de la construcci&oacute;n. No se fija ya en los atributos de la obra &ndash;como Le Corbusier&ndash; sino que sit&uacute;a su campo de acci&oacute;n en el estatuto de la misma respecto a la acci&oacute;n constructiva que disciplina.</p>
<p>No obstante, ser&iacute;a ingenuo pensar que Schelling al hablar de construcci&oacute;n se refiere solo a la t&eacute;cnica constructiva: en efecto, el diccionario vincula el acto de construir a &ldquo;ordenar y enlazar&rdquo;, lo que se puede aplicar tanto a materiales como a dependencias y espacios, de modo que la arquitectura representa, por una parte, la construcci&oacute;n f&iacute;sica del edificio y, por otra, su construcci&oacute;n espacial.</p>
<p>La frase de Schilling deja claro que la construcci&oacute;n -bien sea en su acepci&oacute;n t&eacute;cnica material, bien en su vertiente organizativa espacial- es la materia de la arquitectura: el objeto sobre el que act&uacute;a. La arquitectura no es, por tanto, un sistema de principios y criterios que se aplique a los cuerpos f&iacute;sicos o a los espacios indiscriminadamente, sino que act&uacute;a sobre una materia -la construcci&oacute;n- previamente disciplinada por la t&eacute;cnica y sobre la agrupaci&oacute;n de espacios previamente ordenaos por el uso.</p>
<p>La construcci&oacute;n -de elementos o de espacios- es pues la materia prima sobre la que el arquitecto act&uacute;a para conseguir presentarla de modo que la forma representada tenga una l&oacute;gica visual que trasciende &ndash;sin negarla&ndash; las l&oacute;gicas de la t&eacute;cnica y del uso. En definitiva, la arquitectura, re-presenta, es decir, presenta de modo distinto, tanto la t&eacute;cnica constructiva como la organizaci&oacute;n espacial de los edificios.</p>
<p>Ello se consigue mediante dos sistemas, que responden al sistema de la construcci&oacute;n material y al sistema de organizaci&oacute;n espacial, que han caracterizado todas las arquitecturas de la historia:<em> los &oacute;rdenes arquitect&oacute;nicos y los sistemas tipol&oacute;gicos</em>. Unos &oacute;rdenes y sistemas que, de modo expl&iacute;cito -en tratados y manuales- o impl&iacute;cito -a trav&eacute;s de las convenciones de la tradici&oacute;n- han estimulado y, a la vez, disciplinado la arquitectura, cuanto menos durante los &uacute;ltimos treinta y cinco siglos.</p>
<p>La arquitectura es pues el sistema de principios formales y de criterios de proyecto que a lo largo de la historia han representado la construcci&oacute;n, en el sentido m&aacute;s amplio. Se trata de sistemas que han construido los grandes ciclos est&eacute;ticos de la historia y que no pueden confundirse con las vicisitudes estil&iacute;sticas que han amenizado los distintos per&iacute;odos. Tales sistemas han gozado de gran estabilidad hist&oacute;rica y solo han perdido vigencia cuando la nueva noci&oacute;n de forma ha sido capaz de asumir las condiciones sociales y t&eacute;cnicas de cada momento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volviendo a la definici&oacute;n de Le Corbusier, es evidente que el t&eacute;rmino<em> sabio</em> se puede interpretar como la cualidad que condensa las de: culto, educado e inteligente, es decir, no se trata de un juego espont&aacute;neo, ingenuo ni banal. No es tan obvio, en cambio, el sentido del t&eacute;rmino <em>correcto</em>: &iquest;Qu&eacute; sentido hay que dar a la idea de perfecci&oacute;n en la arquitectura? Immanuel Kant que se plante&oacute; la cuesti&oacute;n con la mayor inteligencia y lucidez, habla de<em> finalidad</em> para describir la consistencia formal de la obra de arte, es decir, el sistema de las conexiones que vinculan las partes con el todo y viceversa.</p>
<p>Una finalidad que Kant relaciona con la propia de las relaciones internas que constituyen los seres vivos, aunque con la diferencia esencial de que estas se orientan a un fin concreto, como es garantizar el funcionamiento de las partes que aseguran la vida, mientras que la finalidad en la obra de arte es una finalidad desinteresada, gratuita, ya que no esta supeditada a ning&uacute;n criterio que no sea la propia consistencia. En otras palabras, la finalidad de una obra de arquitectura es la propiedad que establece las relaciones entre sus partes, prescindiendo del cometido que las mismas tiene en el funcionamiento pr&aacute;ctico de la casa: una escalera esta bien dispuesta si las razones que determinan su posici&oacute;n trascienden su cometido de permitir desplazarse verticalmente.</p>
<p>Inmediatamente, hay que se&ntilde;alar que ello no significa, ni permite pensar que para proyectar con criterio art&iacute;stico hay que prescindir de la funci&oacute;n: por el contrario, solo las organizaciones que contemplan la pr&aacute;ctica son susceptibles de acceder al dominio de lo arquitect&oacute;nico, pero teniendo en cuenta que la eficacia &ldquo;no punt&uacute;a&rdquo; en la calificaci&oacute;n est&eacute;tica, por hablar en t&eacute;rminos docentes.</p>
<p>La correcci&oacute;n a que se refiere Le Corbusier es una correcci&oacute;n formal, que contiene y trasciende la correcci&oacute;n pr&aacute;ctica o funcional, aunque no puede ignorarla ni, menos, contravenirla.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, Le Corbusier se habla de juego <em>magn&iacute;fico</em> -adem&aacute;s de sabio y correcto- para se&ntilde;alar que no basta con los atributos anteriores: la arquitectura produce en quien la habita el efecto de lo excelente y admirable. El reconocimiento por parte del habitante o espectador de la sabidur&iacute;a y correcci&oacute;n con que ha estado proyectada y construida provoca un placer que no tiene que ver con el que produce comprobar la perfecci&oacute;n del motor de un autom&oacute;vil, por ejemplo. El reconocimiento de la formalidad de la arquitectura, es decir de su condici&oacute;n de objeto estructurado con criterios formales, no produce una mera satisfacci&oacute;n intelectual -como en el caso del autom&oacute;vil-, sino que provoca en el sujeto de la experiencia un placer est&eacute;tico.</p>
<p>Un placer est&eacute;tico que hay que distinguir del placer sensitivo: mientras que el placer est&eacute;tico es desinteresado, es decir, no mejora la realidad ni las expectativas del espectador, el placer sensitivo satisface el sentido que lo capta; de ah&iacute; que cuando un manjar nos gusta, tratemos de comerlo -en ocasiones- m&aacute;s de lo prudente. Sabemos que cuando acabe la ingesta, se detendr&aacute; el placer. Esta diferencia se debe a que -como explica Kant con claridad- mientras que el placer sensitivo satisface el sentido que lo capta -en la comida, el sentido del gusto- y ah&iacute; se culmina el proceso, en el placer est&eacute;tico intervienen los sentidos como v&iacute;a de captaci&oacute;n y transmisi&oacute;n de la percepci&oacute;n, pero el juicio se lleva a cabo en la interacci&oacute;n de los sentidos con las facultades del conocimiento.</p>
<p>Pero, no debe desprenderse de lo dicho que la experiencia est&eacute;tica se diferencia de la sensitiva solo en el hecho de que la raz&oacute;n corrige la impresi&oacute;n de los sentidos: la raz&oacute;n interviene antes de la experiencia, proporcionando las categor&iacute;as con que act&uacute;an los sentidos. As&iacute;, se supera el atasco que produce la falsa contradicci&oacute;n entre los sentidos y la raz&oacute;n; as&iacute;, se aclara el malentendido que tuvo congelada la teor&iacute;a del conocimiento por los debates est&eacute;riles entre racionalismo y empirismo.</p>
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<p>Las dos definiciones de arquitectura a las que me he referido cubren el &aacute;mbito de las cuestiones que plantea tanto el conocimiento te&oacute;rico como la pr&aacute;ctica del proyecto. En efecto, Schilling define de modo preciso el cometido de la arquitectura en el proceso m&aacute;s general de la construcci&oacute;n; un cometido nada obvio, a juzgar por la arquitectura llamada &ldquo;del espect&aacute;culo&rdquo;, m&aacute;s empe&ntilde;ada levantar cachivaches inc&oacute;modos, que a construir edificios cuya condici&oacute;n formal asuma sin forcejeos ni coacciones las previsiones del programa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Sobre el juicio est&eacute;tico</h2>
<p>Esbozadas las caracter&iacute;sticas de la obra arquitect&oacute;nica y su cometido en el universo m&aacute;s amplio de la construcci&oacute;n, se plantea la siguiente cuesti&oacute;n: &iquest;C&oacute;mo ocurre el reconocimiento de los valores de la obra por parte de aquellos que no han intervenido en su concepci&oacute;n y proyecto? En definitiva, se trata de aclarar como se produce la experiencia de la obra de arquitectura por sus destinatarios o espectadores, en general.</p>
<p>He hablado hasta aqu&iacute; de diversas cualidades que debe tener cualquier obra de arquitectura -de arte- para que pueda ser considerada como tal. Resumiendo, puede decirse que son: consistencia formal y sentido hist&oacute;rico. Sin consistencia, una construcci&oacute;n empe&ntilde;ada en el sentido no seria arquitectura sino de un mero ejercicio declamatorio de espontaneidad; sin sentido hist&oacute;rico, una construcci&oacute;n ordenada y coherente no pasa de ser una composici&oacute;n sint&aacute;ctica sin horizonte, levitando en un limbo hist&oacute;rico y cultural. Hay que tener en cuenta, de todos modos, que, as&iacute; como la consistencia es un prop&oacute;sito expl&iacute;cito del proyecto, la obra adquiere sentido cultural en el momento mismo en que emerge, con independencia del prop&oacute;sito de quien la proyect&oacute;. El sentido de una obra de arquitectura depende de la orientaci&oacute;n que el autor asume al elegir los materiales de proyecto, entendiendo por ello el sistema de principios y criterios con los que act&uacute;a.</p>
<p>La experiencia de la obra pasa -pues- necesariamente por el reconocimiento de su consistencia formal y su sentido hist&oacute;rico.</p>
<p>Es evidente que no siempre puede hablarse de esa doble verificaci&oacute;n ante una obra de arquitectura, ni de arte, en general: m&aacute;s a&uacute;n, se puede considerar que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas la experiencia aut&eacute;ntica del arte ha sido reemplazada por un consumo indiscriminado, solo estimulado por los comentarios de una cr&iacute;tica desorientada. Una desorientaci&oacute;n que la aboca a militar en el relativismo m&aacute;s esc&eacute;ptico y la predispone a celebrar cualquier propuesta capaz de sorprender sus limitadas expectativas, de modo similar a como se celebra la aparici&oacute;n de un nuevo <em>IPhone</em>. As&iacute;, la arquitectura ha tenido que desarrollarse sin horizonte est&eacute;tico, mientras la cr&iacute;tica ha actuado como mera agente comercial de los &ldquo;nuevos productos&rdquo;, entregada a la fascinaci&oacute;n por &ldquo;lo nuevo&rdquo;.</p>
<p>Un rasgo fundamental de la contemporaneidad es la ausencia de cualquier tradici&oacute;n que constituya el marco est&eacute;tico tanto de la arquitectura como del juicio sobre sus obras. El abandono de la modernidad, consumado hace ahora medio siglo, dejo a los arquitectos a merced de cualquiera de las propuestas que con periodicidad decenal han tratado de llenar -sin conseguirlo- el hueco producido por la renuncia al sistema arquitect&oacute;nico m&aacute;s preciso y riguroso -a la vez que el m&aacute;s vers&aacute;til y fecundo- de la historia.</p>
<p>No hay posibilidad de juicio sin el marco de un sistema de referencia: no es posible reconocer los valores que se desconocen, ni valorar el grado de calidad de una obra si no es poni&eacute;ndola en relaci&oacute;n con obras similares. No debe extra&ntilde;ar a nadie que sin conciencia de los atributos y en ausencia de convenciones que estabilicen la forma, se abandonase el criterio de calidad para asumir la &ldquo;novedad&rdquo; como criterio de valor. Falsa novedad, orientada a lo &ldquo;novedoso&rdquo;, no a lo realmente nuevo, extensi&oacute;n acr&iacute;tica de un mito comercial que, como se vio, ha sido aplicado con &eacute;xito al mercado de bienes de consumo.</p>
<p>El problema de los arquitectos actuales no es tanto la falta de criterio con que reconocer la calidad de las obras -lo que es dram&aacute;tico- cuanto la propia ausencia de la calidad como valor, su reemplazo por la simple celebraci&oacute;n de la sorpresa.</p>
<p>Recuperar el horizonte est&eacute;tico del proyecto es el tr&aacute;mite obligado, tanto de arquitectos como de cr&iacute;ticos, si se quiere superar la confusi&oacute;n que ha llevado la arquitectura a uno de los niveles m&aacute;s bajos de la historia. No me refiero tanto a la arquitectura de las revistas, compendio de arrogancia, banalidad y groser&iacute;a, cuanto a la arquitectura profesional, condenada a desarrollarse a bandazos, sin ninguna referencia s&oacute;lida ni criterio fiable.</p>
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<h2>Sobre el proyecto</h2>
<p>La ausencia de cualquier tradici&oacute;n en cuyo &aacute;mbito tenga sentido hablar de principios y criterios -aquello que los pedantes suelen calificar de disciplina-, es el factor determinante de la pr&aacute;ctica desaparici&oacute;n del proyecto en la arquitectura actual. En efecto, lo que tradicionalmente ha constituido el cometido del proyecto -configurar universos dotados de consistencia formal y sentido est&eacute;tico- se resuelve desde hace d&eacute;cadas con la mera administraci&oacute;n de t&oacute;picos estil&iacute;sticos, en el mejor de los casos, con la gesti&oacute;n comercial de mitos figurativos, la mayor&iacute;a de las veces.</p>
<p>U hecho que ha favorecido el fen&oacute;meno que comento es el desplazamiento de inter&eacute;s desde el dominio de la forma al de la imagen. Pareci&oacute; que el preocuparse del aspecto de las cosas &ldquo;humanizar&iacute;a los proyectos&rdquo;. Unos proyectos cuya &ldquo;frialdad y hermetismo&rdquo; se ve&iacute;a como consecuencia directa por la obsesi&oacute;n por la forma de los arquitectos modernos m&aacute;s radicales.</p>
<p>Ello tuvo el efecto pernicioso de situar el foco en el edificio como objeto del proyecto, abandonando as&iacute; el &aacute;mbito urbano, probablemente por la dificultad de reducir a iconograf&iacute;as atractivas las relaciones formales que inevitablemente aparecen el control visual de la ciudad. As&iacute;, arquitectos y profesores han asumido un &ldquo;edificismo&rdquo; radical, con la convicci&oacute;n de que el objeto del proyecto es el edificio, entendido como ente aut&oacute;nomo e indiferente a su alrededor: es decir, como un artefacto m&aacute;s seductor que solidario. El hecho de que de vez en cuando, la vertiginosa sustituci&oacute;n de doctrinas saque a relucir el &ldquo;contextualismo&rdquo;, no cambia mi diagn&oacute;stico; por el contrario, lo refuerza: solo se concibe el llamar la atenci&oacute;n sobre los alrededores del edifico, cuando se ha generalizado la tendencia a ignorarlos.</p>
<p>Este hecho, unido a la c&eacute;lebre majader&iacute;a -muy celebrada en &aacute;mbitos docentes- de &ldquo;la hoja en blanco&rdquo;, es decir, la falta de prejuicios con que debe actuar quien proyecta, contribuyo a generalizar la creencia en la discrecionalidad del edificio, es decir, en que cualquier construcci&oacute;n puede considerarse arquitectura, solo con mantenerse en pie y permitir -a veces, con franca dificultad- el desempe&ntilde;o de la actividad para la que se construy&oacute;. Libre de cualquier ascendencia arquet&iacute;pica, una noci&oacute;n de edificio tan relajada y contingente foment&oacute; las extravagancias que muestran los m&aacute;s celebrados inmuebles contempor&aacute;neos.</p>
<p>La ausencia de convenciones a la que me he referido hace que se afronte cada extremo del proyecto como si fuera la primera vez que se construye y la &uacute;nica que se va a construir, sin contar con la experiencia del proyectista ni del constructor, ni prever, por tanto, que vaya a tener ninguna incidencia en el futuro. Experiencia de la que no solo se carece, sino que se desprecia, al confundir el prejuicio con la ofuscaci&oacute;n que provoca el antojo.</p>
<p>Para nada ha servido la lecci&oacute;n de las obras del SOM de Gordon Bunschaft, probablemente el mejor arquitecto del siglo XX, en las que su grado de calidad material y arquitect&oacute;nica tiene mucho que ver con la humildad e inteligencia que subyace en el uso sistem&aacute;tico de arquetipos constructivos y tipol&oacute;gicos, cuando se trata de condiciones an&aacute;logas o compatibles.</p>
<p>El progresivo desvanecimiento del proyecto se ha producido paralelamente a la hipertrofia de los documentos que constituyen su referente administrativo: dif&iacute;cilmente se acepta un expediente sin unas cuantas centenas de documentos gr&aacute;ficos y literarios para construir un edificio que hace cincuenta a&ntilde;os se constru&iacute;a mejor, con solo docena y media, un pliego de condiciones bien montado y una memoria de cuatro folios.</p>
<p>Por otra parte, la patolog&iacute;a impl&iacute;cita en lo anterior -el arquitecto es un &ldquo;constructor de ideas&rdquo;-, se apoya en que la l&oacute;gica, tanto de la construcci&oacute;n material, como de la construcci&oacute;n tipol&oacute;gica, no tiene ninguna incidencia en el artefacto resultante. La predominancia de &ldquo;la idea&rdquo; -confundida casi siempre con una narraci&oacute;n banal y caprichosa- lleva a abusar de la t&eacute;cnica y violentar la econom&iacute;a, haciendo del despilfarro el talante habitual del arquitecto estrella.</p>
<p>Pero lo que tienen en com&uacute;n el arquitecto estrella y el simple profesional es que, en realidad, ni uno ni otro proyecta: se limitan a gestionar soluciones consideradas de &eacute;xito, dando lugar, en el mejor de los casos, a un estilismo sin causa, tan banal como pretencioso. Las &ldquo;ideas&rdquo; del arquitecto profesional son tan triviales como las del arquitecto estrella, menos aparatosas -hay que reconocerlo- aunque con una impericia similar, lo que parece un rasgo caracter&iacute;stico de la &eacute;poca.</p>
<p>La ausencia de autor&iacute;a es el correlato de esa falta de proyecto: una falta de identidad que en la arquitectura corriente es irrelevante, pero que en la arquitectura de &eacute;xito es clamorosa, en tanto que se muestra al p&uacute;blico como una exhibici&oacute;n de precisamente lo contrario: se dir&iacute;a que es fruto de una subjetividad desinhibida, libre y audaz, cuando en realidad es producto de un trabajo en cadena controlado por tantas l&oacute;gicas como unidades de producci&oacute;n contempla el organigrama de la empresa.</p>
<p>La falta de cultura visual y la prioridad al &ldquo;concepto&rdquo; -panacea infalible para verificar las propuestas, sin recurrir a la mirada-, son las condiciones en que se desarrolla la mayor&iacute;a de los proyectos recientes. Falta de referencias que -como se vio-, por una parte, abona el relativismo y la desorientaci&oacute;n y, por otra, est&aacute; en la base de una est&eacute;tica de lo grotesco, cuyo grado de generalidad no tiene precedentes. El resultado es -a menudo- el de unos artefactos tan arrogantes como zafios, cuyo valor principal se relaciona con la sorpresa que provocan en una cr&iacute;tica desorientada y en una sociedad perpleja, entregada a lo que venga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es evidente que hay una arquitectura que se aleja de los patrones que describo y que parecer&iacute;a reencarnar ciertos valores de la modernidad. Es una arquitectura que puede verse en hospitales provinciales, centros de ense&ntilde;anza media y edificios culturales de ciudades intermedias, por citar solo unos edificios en los que el control de los costes no da mucho margen a la &ldquo;fantas&iacute;a&rdquo; y el despilfarro. Es la arquitectura que en muchos casos resulta premiada en concursos de medio pelo. Es la arquitectura que los cr&iacute;ticos defienden provisionalmente, hasta que se supere la &ldquo;crisis&rdquo;, porque parece mas sencilla y eficiente.</p>
<p>A esa arquitectura dedique hace una d&eacute;cada un texto titulado &ldquo;El Estilillo Internacional&rdquo;, cuya lectura recomiendo. El t&iacute;tulo viene a sugerir que es cuanto menos dudoso que hace sesenta a&ntilde;os se abandonase el Estilo Internacional, por su &ldquo;sequedad y hermetismo&rdquo;, y mas de medio siglo despu&eacute;s se hagan revivir a algunos de sus rasgos mas superficiales, porque los intentos de superarlo durante esas d&eacute;cadas han fracasado en su prop&oacute;sito. Se trata, como digo, en la mayor&iacute;a de los casos, de un mero estilillo, aseado y pudoroso, que se muestra falto de cocci&oacute;n, ya que sucede a medio siglo de desinter&eacute;s por la gran arquitectura del siglo XX.</p>
<p>Esta arquitectura recurre a lo moderno con m&aacute;s inter&eacute;s en encontrar soluciones que para reconocer criterios, probablemente porque su condici&oacute;n &ldquo;neo&rdquo; le permite sentirse liberada de la tradici&oacute;n moderna. Sus practicantes parecen &ldquo;descubrir&rdquo; que la arquitectura moderna no estaba nada mal; incluso, que ofrece soluciones para resolver problemas que las arquitecturas que le siguieron no lograron ni vislumbrar.</p>
<p>Ese uso operativo de ciertos t&oacute;picos de la arquitectura moderna da un tinte de banalidad a las obras que los incorporan, probablemente porque persiguen mas la seducci&oacute;n por la imagen que el reconocimiento de la estructura de su constituci&oacute;n; se orienten m&aacute;s hacia lo vistoso que a lo visual: consiguen atraer el vistazo, pero no aguantan la mirada.</p>
<p>La gran paradoja es que la cr&iacute;tica de &ldquo;estilismo&rdquo; -entendido como excesiva preocupaci&oacute;n por la forma y su sistematicidad- que determino la clausura del Estilo Internacional da lugar a una versi&oacute;n ingenua y empobrecida del mismo, cuya a&ntilde;oranza figurativa parece un reconocimiento tard&iacute;o de la precipitaci&oacute;n y ligereza del abandono.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Cinco axiomas sobre el proyecto</h2>
<p>&nbsp;No puedo concluir este apartado si hacer referencia, aunque sea de manera breve y esquem&aacute;tica a mis convicciones te&oacute;ricas sobre la arquitectura es el marco de referencia de algunos axiomas sobre el proyecto. Unos axiomas que son el resultado de cincuenta a&ntilde;os de pr&aacute;ctica de la arquitectura dedicados con intensidad similar al proyecto, a la reflexi&oacute;n y a la docencia.</p>
<p>Axiomas porque no necesitan argumentaci&oacute;n: no son la consecuencia de una conclusi&oacute;n te&oacute;rica, sino el resultado de mi experiencia arquitect&oacute;nica, es decir, en la reflexi&oacute;n, en el proyecto y en la docencia.</p>
<p>Axiomas que sistematizan las ideas expuestas hasta ahora, con miras a proporcionar un horizonte para el proyecto contempor&aacute;neo. Reproduzco casi literalmente un texto elaborado hace casi una d&eacute;cada para glosar los axiomas que comento.</p>
<h3>&nbsp;</h3>
<h3>A/ La arquitectura es la representaci&oacute;n de la construcci&oacute;n.</h3>
<p>La construcci&oacute;n est&aacute; tomada aqu&iacute; en un doble sentido: material y formal. En realidad, la arquitectura contempla la l&oacute;gica de la construcci&oacute;n material como una perspectiva sistem&aacute;tica que trasciende las puras normas t&eacute;cnicas. Una perspectiva que se basa en la consideraci&oacute;n de una l&oacute;gica distinta, compatible con la de la t&eacute;cnica, pero irreducible a ella: la l&oacute;gica de la construcci&oacute;n de la forma como un todo.</p>
<p>Construcci&oacute;n material y construcci&oacute;n formal son, as&iacute;, las dos caras de la actividad constructiva, es decir, ordenar y conjuntar realidades materiales y visuales. El proyecto arquitect&oacute;nico ordena y enlaza elementos f&iacute;sicos que el espectador aprecia como realidades visuales, dotadas de sentido y consistencia, es decir, que no son indiferentes al &aacute;mbito f&iacute;sico y cultural en el que emergen, por una parte, y est&aacute;n vertebradas por relaciones de finalidad precisas y estables, por otra parte.</p>
<p>La manifestaci&oacute;n visual de la tensi&oacute;n entre esas dos l&oacute;gicas constructivas que convergen en la obra arquitect&oacute;nica define su cualidad formal. Una cualidad que tiene que ver con su identidad como objeto genuino.</p>
<h3>&nbsp;</h3>
<h3>B/. La actividad ordenadora del arquitecto se basa en la capacidad constructiva de la visi&oacute;n, no en su habilidad para materializar conceptos.</h3>
<p>Todo ello en un proceso que naturalmente concierne al intelecto: al principio, en la elaboraci&oacute;n de categor&iacute;as que orientan la visi&oacute;n del arquitecto; despu&eacute;s, en la interacci&oacute;n con la vista para reconocer los atributos formales de la obra considerada. Un proceso que -por el contrario- no empieza por el concepto, como es habitual leer en los discursos te&oacute;ricos y cr&iacute;ticos: el proceso va de la visi&oacute;n a la raz&oacute;n, no desde la raz&oacute;n a la forma.</p>
<p>No es posible continuar creyendo que la intelecci&oacute;n visual de la arquitectura -del arte, en general- excluye la raz&oacute;n: ese error te&oacute;rico produce una regresi&oacute;n epistemol&oacute;gica hasta tiempos anteriores a Immanuel Kant, cuando estaba generalizada la creencia de que el conocimiento era posible, o bien, solo con la raz&oacute;n, o bien, solo a trav&eacute;s de la experiencia de los sentidos. Despu&eacute;s de Kant es sabido que todo conocimiento es producido por la experiencia, pero que no hay experiencia sin la existencia previa de categor&iacute;as de naturaleza racional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>C/ La forma es la manifestaci&oacute;n sensitiva de la configuraci&oacute;n interna de la obra.</h3>
<p>La forma no puede reducirse a la figura o la imagen, como habitualmente se hace: la forma -en el sentido en que se usa en arte- es un concepto est&eacute;tico relacionado con la capacidad del sujeto de reconocer a trav&eacute;s de la visi&oacute;n la configuraci&oacute;n esencial de la obra de arte: un &aacute;rbol no tiene forma; la forma es la caracter&iacute;stica b&aacute;sica de la representaci&oacute;n que hace el pintor de ese &aacute;rbol. Sabemos si ese cuadro es realmente una obra de arte si, adem&aacute;s de captar y representar determinadas caracter&iacute;sticas de &ldquo;ese &aacute;rbol concreto&rdquo;, el cuadro representa los atributos esenciales del &ldquo;&aacute;rbol, en general&rdquo;.</p>
<p>La confusi&oacute;n entre la forma y la figura, en que la cr&iacute;tica ligera incurre habitualmente, ha conducido la arquitectura al campo de la figuraci&oacute;n y la imaginaci&oacute;n. Ello ha determinado el abandono de su condici&oacute;n esencial de actividad orientada a la construcci&oacute;n visual de nuevos objetos o universos urbanos.</p>
<p>La forma es, pues, una entidad reconocible por la mirada, lo que le confiere una dimensi&oacute;n subjetiva, que no puede ser confundida ni con la inmediatez de la figura -imagen directa de la realidad- ni con la metaf&iacute;sica de unos conceptos inaccesibles a los sentidos. El encuentro entre el arquetipo formal y las condiciones peculiares de cada caso se produce en el &aacute;mbito de la forma y provoca un sistema de relaciones que confiere identidad al edificio.</p>
<p>El proyecto no consiste pues en &ldquo;poner paredes al programa&rdquo; de modo que habr&iacute;a tantos edificios como demandas funcionales. Esta idea tiene su origen en una interpretaci&oacute;n banal del &ldquo;funcionalismo&rdquo; y -por qu&eacute; no decirlo- en la propia inoportunidad del t&eacute;rmino para definir la arquitectura moderna que generaliz&oacute; el mito de la &ldquo;transparencia a la funci&oacute;n&rdquo;. La creencia que comento se basa en la ficci&oacute;n de que el buen arquitecto &ldquo;satisface los requisitos del programa sin pr&aacute;ctica intervenci&oacute;n de prejuicios formales&rdquo;. As&iacute;, el formalismo ha sido visto como la instancia que pervirti&oacute; la modernidad arquitect&oacute;nica, de modo que la asunci&oacute;n de sus principios por parte de los arquitectos ser&iacute;a la causa -en opini&oacute;n de los cr&iacute;ticos- que determin&oacute; el fracaso y correspondiente eclipse de la arquitectura moderna, ocurrido do a lo largo de los a&ntilde;os sesenta del siglo XX.</p>
<p>La creencia en que &ldquo;la forma sigue a la funci&oacute;n&rdquo; abri&oacute; las puertas al abandono de la idea de edificio, considerado un constructo estructurado con criterios de consistencia formal, y se reemplaz&oacute; por una noci&oacute;n vaporosa que segu&iacute;a usando el mismo nombre, pero renuncia a la disciplina formal para entenderse sobre todo como una soluci&oacute;n inmediata al programa. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, una especie nueva de artefactos deformes y banales ha tratado de reemplazar a la idea &ldquo;cl&aacute;sica&rdquo; de edificio, sin otro requisito que causar impacto en quien lo observa o habita.</p>
<p>Con un desprecio irresponsable a todo lo anterior -ya saben: la hoja en blanco- muchos arquitectos que confunden la notoriedad con el talento se lanzan a &ldquo;crear edificios emblem&aacute;ticos&rdquo;, sin otro criterio que atender al programa todo lo que permitan las vicisitudes de su estado de &aacute;nimo. Ya se sabe: lo primero es la expresi&oacute;n; en eso residir&iacute;a la dimensi&oacute;n art&iacute;stica de sus obras.</p>
<p>El edificio -de cualquier &eacute;poca- adquiere su identidad espec&iacute;fica al abordar un problema concreto desde un marco formal gen&eacute;rico, universal, de modo que sin renunciar a la forma -por el contrario, intensificando su acci&oacute;n en el proyecto- da cuenta precisa de las circunstancias peculiares de cada caso.</p>
<p>En este punto aparece uno de los conceptos b&aacute;sicos de la arquitectura de todos los tiempos: la identidad. Una identidad que en la arquitectura clasicista estaba garantizada por la consistencia formal y la plausibilidad social del tipo: el proceso de proyecto llevaba a cabo la transici&oacute;n desde la identidad gen&eacute;rica del tipo a la identidad espec&iacute;fica del edificio. En la arquitectura moderna, en cambio, la identidad no est&aacute; garantizada por ninguna instancia previa, sino que debe adquirirse a trav&eacute;s del proceso de construcci&oacute;n formal basado en criterios que aspiran a la universalidad, pero de modo que el orden del objeto debe asumir las condiciones y requisitos econ&oacute;micos, t&eacute;cnicos, sociales y funcionales que afectan a la obra arquitect&oacute;nica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>D/ La materia prima de la arquitectura es la arquitectura misma.</h3>
<p>As&iacute;, los que proyectan no se nutren de ideas, como muchos cr&iacute;ticos y la mayor&iacute;a de arquitectos han cre&iacute;do durante cincuenta a&ntilde;os: un arquitecto no es un &ldquo;constructor de conceptos&rdquo;, como se suele leer en las revistas de arquitectura que se consideran m&aacute;s intelectuales. La creencia perversa seg&uacute;n la cual la arquitectura puede ser reinventada cada d&iacute;a, o mejor, la posibilidad de renunciar a la experiencia est&aacute; en el origen de la patolog&iacute;a que comento.</p>
<p>En cambio, la experiencia de la historia y el sentido com&uacute;n corroboran mi axioma: la arquitectura existente no solo ofrece elementos concretos que podemos utilizar en el proyecto, sino que -sobre todo- sugiere criterios de orden que pueden estar en la base de resultados actuales totalmente distintos de la arquitectura de referencia. No me refiero, pues, al pasado como archivo de soluciones, sino como fuente de criterios esenciales que, en la medida que responden a principios b&aacute;sicos de la forma, trascienden las &eacute;pocas y las culturas.</p>
<p>No solo en arquitectura, sino en otras artes, la noci&oacute;n de material es un elemento esencial de la concepci&oacute;n y elaboraci&oacute;n den sus obras: en m&uacute;sica, donde la naturaleza abstracta de su sustancia aumenta su disciplina formal, es frecuente que una nueva composici&oacute;n tome como punto de partida materiales de otros autores -o del mismo, procedentes de obras anteriores-, lo que no crea ninguna duda sobre la identidad, originalidad y autor&iacute;a de la nueva composici&oacute;n. El <em>Concierto para cuatro claves</em>, de J. S. Bach es una escrupulosa trascripci&oacute;n del<em> Concierto para cuatro violines</em> de A. Vivaldi: su calidad y originalidad no ha sido discutida jam&aacute;s, y nadie ha dudado nunca de la autor&iacute;a del Cantor de Leipzig.</p>
<p>Pero la conciencia del material no es gratuita: obliga al arquitecto a distinguirlo claramente de la forma que lo va a ordenar y, adem&aacute;s, le crea una notable responsabilidad. Ni la calidad del material garantiza el valor de la obra en que se incluye, ni quien lo utiliza puede hacer abstracci&oacute;n de lo que parte. No hay ning&uacute;n motivo por el que un proyecto pueda ser de menor calidad que los materiales que utiliza en su elaboraci&oacute;n: cuando menos, deber&iacute;a ser de calidad similar, para que el uso no se convirtiera en un abuso propio de un simple imitador. El <em>Concierto para cuatro claves</em> no es un abuso del material de Vivaldi, motivado por la pereza o falta de inspiraci&oacute;n de J. S. Bach, sino una obra musical nueva y distinta de la que usa como material: por supuesto, de ning&uacute;n modo inferior a ella.</p>
<p>La reciente fortuna que ha adquirido la noci&oacute;n de &ldquo;investigaci&oacute;n en arquitectura&rdquo; es la muestra evidente del desconocimiento del axioma que comento: en efecto, la desaz&oacute;n que produce el desconcierto que reina desde hace cincuenta a&ntilde;os ha empujado a arquitectos y estudiosos a emular a los cient&iacute;ficos e iniciar una campa&ntilde;a investigadora para encontrar elementos nuevos y criterios para el proyecto hasta ahora desconocidos.</p>
<p>Estoy convencido de que el &uacute;nico objeto de investigaci&oacute;n arquitect&oacute;nica relevante durante la segunda mitad del siglo XX ha sido la pregunta por el sentido est&eacute;tico de la arquitectura moderna. No se trata, por tanto, de buscar algo nuevo, sino de identificar en sentido de lo que existe. La cuesti&oacute;n esencial no es <em>buscar</em> criterios nuevos de proyecto, sino <em>descubrir</em> -en sentido genuino- el sentido aut&eacute;ntico de la idea moderna de forma, lejos de cualquier funcionalismo banal y todo estilismo cosm&eacute;tico. Descubrir, en el sentido de eliminar la costra de t&oacute;picos que oculta la naturaleza de la idea moderna de forma y pervierte, por tanto, los criterios de proyecto.</p>
<p>En arquitectura, no encuentra quien m&aacute;s busca, sino quien descubre el sentido de lo que la historia pasada y reciente ha legado y la precipitaci&oacute;n de los cr&iacute;ticos y la desorientaci&oacute;n de los arquitectos ha relegado a los anaqueles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>E/ La competencia para proyectar puede adquirirse -sobre todo- re-construyendo obras de arquitectura ejemplares.</h3>
<p>De un modo an&aacute;logo a lo que sucede en pintura o literatura, para mencionar solo dos pr&aacute;cticas art&iacute;sticas bien distintas entre si. No creo que sea necesario argumentar algo que es evidente, ya que no solo es razonable, sino que est&aacute; avalado por la experiencia de m&aacute;s de treinta siglos de historia de la arquitectura.</p>
<p>La &ldquo;ense&ntilde;anza creativa&rdquo; -uso un enunciado rid&iacute;culo para describir la ense&ntilde;anza de proyectos habitual- ha mostrado sobradamente la inconsistencia de su principio esencial: &ldquo;el papel en blanco&rdquo; es la frase preferida por los &ldquo;profesores creativos&rdquo; y la propia creencia en la verdad de ese enunciado es una muestra de su ligereza e irresponsabilidad. Ello supone creer que la capacidad para ordenar el mundo f&iacute;sico es una habilidad innata del ser humano: en realidad, el rechazo de la experiencia que significa partir e un &ldquo;papel en blanco&rdquo; -sin antecedentes, ni historia- supone contar con una capacidad original para ordenar y construir el espacio habitable.</p>
<p>Naturalmente, en ese tipo de ense&ntilde;anza, a falta de competencia visual para reconocer los atributos del proyecto, el criterio de calidad es vagamente conceptual, es decir, basta con que la propuesta venga acompa&ntilde;ada por una &ldquo;narraci&oacute;n medianamente inteligible&rdquo; para que no haya duda sobre el inter&eacute;s del proyecto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>F/ Corolario.</h3>
<p>De lo anterior se desprende que el proyecto no se puede entender como &ldquo;la soluci&oacute;n a un problema&rdquo;, aunque en ocasiones un buen proyecto sea capaz de resolver un apuro. No; quien proyecta no puede enfrentarse con su tarea con la mentalidad de un inventor que busca una soluci&oacute;n ingeniosa para resolver un problema espec&iacute;fico, sino como aquel que, comprometido con el tiempo, act&uacute;a con la conciencia de los edificios an&aacute;logos que le precedieron. En definitiva, como aquel que sabe lo que hay que hacer y sabe c&oacute;mo hacerlo.</p>
<p>El mito de &ldquo;encontrar la soluci&oacute;n&rdquo; aboca el proyecto a disponer de recursos para resolver el expediente, de modo que se considera buen arquitecto quien cuenta con una n&oacute;mina amplia de &ldquo;soluciones&rdquo;. El hecho de proyectar se reduce a la gesti&oacute;n de recursos aprendidos, que no responden generalmente a un sistema coherente.</p>
<p>Proyectar es encontrar criterios para describir edificios o, mejor, episodios constructivos habitables, dotados de sentido cultural y consistencia formal.</p>
<p>El proyecto tiene m&aacute;s que ver con el descubrir que con el inventar, es decir, se orienta m&aacute;s a encontrar orientaci&oacute;n para construir un artefacto solvente, descubriendo los modos de actuar de la pel&iacute;cula invisible que pervierte su sentido, que, a fantasear sobre soluciones a problemas inexistentes, sin conocer el objetivo aut&eacute;ntico del trabajo.</p>
<p>No; proyectar un edificio no es un problema que hay que resolver, sino una propuesta que hay que ordenar, disponiendo de los materiales f&iacute;sicos y formales que el momento hist&oacute;rico pone a disposici&oacute;n del arquitecto. La idea del mundo del arquitecto se pone de manifiesto en la selecci&oacute;n de tales materiales y en el modo de usarlos en el proyecto.</p>
<p>Entre los materiales se cuenta -&iquest;c&oacute;mo no?- toda la arquitectura existente, aut&eacute;ntico marco de referencia remoto de la acci&oacute;n de proyectar. Una arquitectura que reaparece siempre nueva, por cuanto se perpet&uacute;a en los arquetipos que la soportan. He dicho m&aacute;s arriba que &ldquo;el encuentro entre el arquetipo formal y las condiciones peculiares de cada caso se produce en el &aacute;mbito de la forma y provoca un sistema de relaciones que confiere identidad al edificio&rdquo;. Una identidad que atiende a lo genuino, no a lo novedoso, m&aacute;s o menos sorprendente. Tal identidad se apoya en formas que con el tiempo se convierten en arquet&iacute;picas, por su versatilidad y fecundidad, lo que garantiza su vigencia permanente.</p>
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<p>Estos cinco axiomas est&aacute;n -como se ve- estrechamente relacionados: cualquier comentario sobre uno de ellos concierne necesariamente a los restantes: de ah&iacute; la evidencia del corolario a que conducen. De hecho, todos ellos tienen que ver con los asuntos esenciales que rodean la pr&aacute;ctica del proyecto y la ense&ntilde;anza del mismo. Responden algunas cuestiones que yo mismo me he planteado hace mucho tiempo, ya que ni las &ldquo;teor&iacute;as&rdquo; habituales ni las convenciones del sentido com&uacute;n hab&iacute;an sido capaces de responder. Unas cuestiones que son absolutamente relevantes para abordar el proyecto de arquitectura con conciencia de mi propia actividad y sentido de la historia.</p>
<p>He dicho al principio que estas sentencias, precisamente por su car&aacute;cter axiom&aacute;tico, no necesitan demostraci&oacute;n, ya que son producto de la experiencia, de mi experiencia. En ese sentido, mi discurso es teor&iacute;a en sentido fuerte, seg&uacute;n la idea de teor&iacute;a que he definido m&aacute;s arriba: la teor&iacute;a no es buena o mala, sino que solo puede ser verificada por su capacidad para explicar alg&uacute;n fen&oacute;meno mejor que otros intentos te&oacute;ricos que lo han intentado anteriormente.</p>
<p>La esperanza de que esta teor&iacute;a ayude a los dem&aacute;s depende de la medida en que mis respuestas conciernan a problemas universales que han podido plantearse los otros, arquitectos o no, que intentan tener una autentica experiencia arquitect&oacute;nica, o mejor, que tratan de adquirir criterios de juicio para reconocer los valores aut&eacute;nticos de la arquitectura aut&eacute;ntica y, en ese momento, sentir el placer que proporciona la experiencia del arte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Ep&iacute;logo</h2>
<p>En pocas palabras, puede decirse que la situaci&oacute;n de la arquitectura en la actualidad se debe a una triple renuncia, producida a finales de los a&ntilde;os cincuenta del siglo pasado: renuncia a los criterios de forma moderna, renuncia a la t&eacute;cnica y renuncia a la visualidad. En realidad, la segunda y la tercera son correlativas de la primera y principal.</p>
<p>El abandono de la modernidad deja a la arquitectura -como se ha visto- sin horizonte est&eacute;tico y, a la vez, sin materiales con que afrontar el proyecto: en otras palabras, sin prop&oacute;sito y sin medios para alcanzarlo. Esta an&oacute;mala situaci&oacute;n permite entender la cantidad y &ldquo;calidad&rdquo; de doctrinas que menudearon a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, con el prop&oacute;sito de reemplazar una modernidad una modernidad &ldquo;superada&rdquo;, seg&uacute;n calificaron los cr&iacute;ticos m&aacute;s impacientes.</p>
<p>La necesidad de ampliar el &aacute;mbito est&eacute;tico del Estilo Internacional, llev&oacute; a los arquitectos m&aacute;s &ldquo;inquietos&rdquo; a forzar la t&eacute;cnica o, mejor, a prescindir de la misma, a la hora de concebir sus artefactos. Abandonar la t&eacute;cnica es centrarse en la faceta expresiva de sus recursos productivos en vez de profundizar la dimensi&oacute;n constructiva de sus sistemas. El &ldquo;brutalismo&rdquo; fue la doctrina que, present&aacute;ndose como superadora de las limitaciones de la modernidad, contribuy&oacute; de manera decisiva a su abandono, por cuanto no aporto nada a sus criterios de forma y, en cambio, los abland&oacute; y acabo por desvanecer, en aras de una &ldquo;narratividad&rdquo; discrecional y arbitraria.</p>
<p>Los edificios se convirtieron en unos artefactos considerados progresivamente la pura materializaci&oacute;n de &ldquo;ideas&rdquo;. Unas &ldquo;ideas&rdquo; que lejos de tener la universalidad que caracteriza las ideas de verdad, se entend&iacute;an, como meras ocurrencias o conjeturas personales, tanto m&aacute;s valoradas, cuanto mas extravagantes. Nunca la arquitectura se alej&oacute; mas de su condici&oacute;n de &ldquo;representaci&oacute;n de la construcci&oacute;n&rdquo; que en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os.</p>
<p>La visualidad -por fin-, condici&oacute;n esencial de las artes visuales, debi&oacute; abolirse como v&iacute;a de reconocimiento de la consistencia formal de los edificios, porque la propia idea de consistencia formal fue abandonada, a favor de la expresi&oacute;n figurativa de supuestos individuales: ning&uacute;n criterio est&eacute;tico o hist&oacute;rico pod&iacute;a adquirir en el proyecto un peso similar a la manifestaci&oacute;n inmediata de la idea. Probablemente, los te&oacute;ricos de semejante chapuza se amparaban en una lectura precipitada e incompetente de la est&eacute;tica de Hegel.</p>
<p>As&iacute;, con ligeras variantes, la obsesi&oacute;n por la novedad acab&oacute; -como se ha visto- por sustituir la idea de calidad. Calidad entendida como conjunto de cualidades que identifican una obra art&iacute;stica. Calidad de la que solo tiene sentido hablar si se hace en un marco concreto de principios y criterios.</p>
<p>La ausencia del sistema tan deseado durante los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os que, por fin, suponga la superaci&oacute;n real de la arquitectura moderna, aboca a una existencia plagada de sobresaltos, a la espera de que doctrina de urgencia -o simple conjetura-, aderezada con las im&aacute;genes &ldquo;emblem&aacute;ticas&rdquo; de rigor, traer&aacute;n las revistas para el pr&oacute;ximo lustro, es decir, esperar los modelos de edificios que &ldquo;marcan tendencia&rdquo;. Es el precio de la desorientaci&oacute;n en la que viven desde hace d&eacute;cadas arquitectos, profesores y -por supuesto- alumnos. Pero, no crean que tan inestable situaci&oacute;n se vive con angustia: por el contrario, unos y otros la han asumido como la condici&oacute;n natural del &ldquo;artista&rdquo;: en efecto, la idea m&aacute;s generalizada del arte, la que lo vincula con la &ldquo;genialidad&rdquo; -y esta con la arbitrariedad y el desacato-, positiva la desorientaci&oacute;n y la muestra como un indicio de vitalidad cultural. As&iacute;, la &ldquo;vida en la penumbra&rdquo; se ha convertido en el rasgo diferencial de arquitectos y &ldquo;artistas&rdquo;, en general.</p>
<p>Es evidente que hay una minor&iacute;a de arquitectos, profesores y estudiantes que no comparten la fascinaci&oacute;n por el desconcierto y tratan de encontrar un horizonte est&eacute;tico para su actividad. Esta fatigosa ardua tarea, solo tiene sentido -solo es posible- como compromiso personal, ya que las condiciones culturales y econ&oacute;micas colectivas han cambiado y resultar&iacute;a demasiado ingenuo creer que el futuro va a deparar una vuelta a la arquitectura. A esa inmensa minor&iacute;a no le cabe otra opci&oacute;n que el empe&ntilde;o personal en recuperar el sistema formal que aport&oacute; la modernidad art&iacute;stica para utilizarlo como marco est&eacute;tico del proyecto.</p>
<p>De todos modos, se trata de un empe&ntilde;o tit&aacute;nico, porque obliga a remar contra corriente, pero, m&aacute;s all&aacute; de la dificultad ambiental, el compromiso a que me refiero se enfrenta a otro obst&aacute;culo dif&iacute;cil de salvar: la mayor&iacute;a de los que lo intenten, por razones de edad, perdi&oacute; el contacto directo con la tradici&oacute;n moderna, solo conoce sus productos como fetiches de jubilados, residuos sentimentales de una &eacute;poca que no ha de volver. En esas condiciones, quien se embarque en un prop&oacute;sito de esta envergadura se ve obligado a realizar un ejercicio de exhumaci&oacute;n est&eacute;tica sin conocer con precisi&oacute;n lo que desentierra: se trata de &ldquo;recuperar&rdquo; un modo de concebir, basado en una idea de forma y un modo de ver que lleva m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, no solo en desuso, sino como objeto de una irresponsable campa&ntilde;a de desprestigio promovida y orquestada por una cr&iacute;tica que jam&aacute;s los entendi&oacute;.</p>
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<p>11-IX-2015</p>
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        </item>
        <item>
            <title>SOM y yo. (ESTAB-UPC)</title>
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            <pubDate>Thu, 26 Mar 2015 11:00:00 +0100</pubDate>
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            <title>Â¿Como -y que- proyecto? (ESTAB-UPC)</title>
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            <pubDate>Thu, 26 Mar 2015 11:00:00 +0100</pubDate>
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            <pubDate>Thu, 02 Apr 2020 10:00:00 +0100</pubDate>
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            <pubDate>Fri, 20 Jun 2014 10:00:00 +0100</pubDate>
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            <title>Seguir a Helio PiÃ±on</title>
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            <description>Seguir a Helio PiÃ±on </description>
            <pubDate>Wed, 28 May 2014 10:00:00 +0100</pubDate>
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            <title>Arquitectura y docencia, memoria personal</title>
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            <description>Arquitectura y docencia, memoria personal </description>
            <pubDate>Thu, 08 May 2014 10:00:00 +0100</pubDate>
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        <dc:creator>© Helio Piñón</dc:creator>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>1972-1984. De Elementos de Composici&oacute;n a Proyectos III-IV&nbsp;</h2>
<p>Me inici&eacute; en la docencia en la&nbsp;<em><strong><a href="https://www.etsab.upc.edu/" target="_blank" rel="noopener">Escuela T&eacute;cnica Superior de Arquitectura de Barcelona</a></strong>.&nbsp;<strong>Universidad Polit&eacute;cnica de Catalu&ntilde;a</strong></em>(ETSAB.UPC), el a&ntilde;o 1972, cuando el nuevo catedr&aacute;tico de&nbsp;<em>Elementos de Composici&oacute;n</em>, Rafael Moneo, me propuso incorporarme al grupo de profesores ayudantes de la c&aacute;tedra. Era consciente de que a los treinta a&ntilde;os estaba m&aacute;s para aprender que para ense&ntilde;ar. As&iacute; se lo hice saber, a lo que me respondi&oacute; que est&aacute;bamos todos un poco igual.</p>
<p>Rafa fue muy amable, pero las cosas no eran as&iacute;: el acababa de conseguir la c&aacute;tedra por oposici&oacute;n y eso era una cierta garant&iacute;a. Digo cierta porque con el tiempo he aprendido que, aunque cueste creerlo, haber obtenido una c&aacute;tedra por oposici&oacute;n no es sin&oacute;nimo de saber de aquello que se ense&ntilde;a.</p>
<p>Esta precisi&oacute;n no trata de paliar un &aacute;pice mi irresponsabilidad al aceptar su invitaci&oacute;n: la verdad es que resultaba muy tentador.</p>
<p>En esos a&ntilde;os, los criterios de proyecto eran sencillamente inexistentes: a principio de los a&ntilde;os&nbsp;setenta empezaba manifestarse la resaca provocada por el abandono real de los principios de la&nbsp;forma moderna sin tener una alternativa, ya no digo clara, sino no siquiera entrevista. Los arquitectos no dispon&iacute;an de criterios de juicio sobre la calidad de la arquitectura, ya que se hab&iacute;a renunciado a cualquier conocimiento acumulado a lo largo del siglo en nombre de una supuesta &ldquo;originalidad&rdquo; que se identificaba con el atributo supremo de la modernidad aut&eacute;ntica.</p>
<p>Por otro lado,&nbsp;<em>Elementos de Composici&oacute;n</em>&nbsp;era una asignatura heredada de la ense&ntilde;anza acad&eacute;mica, propia de las escuelas de arquitectura vinculadas a las Bellas Artes, es decir, se trataba de una disciplina que no ten&iacute;a sentido fuera del marco en el que surgi&oacute;. Ello propiciaba que, bajo ese nombre se practicase cualquier cosa: desde una teor&iacute;a de la composici&oacute;n hasta el dibujo de elementos clasicistas.</p>
<p>Rafael Moneo, consciente de la indefinici&oacute;n que generaba el anacronismo, decidi&oacute; acabar con la indefinici&oacute;n de la materia y convertirla en una introducci&oacute;n al proyecto, lo que supuso una mejora definitiva en el conjunto de los estudios.</p>
<p>Propuso como elemento b&aacute;sico de la docencia unos ejercicios cortos que trataban de introducir al alumno en los diferentes aspectos que inciden en el proyecto de arquitectura. Se trataba de unos ejercicios quincenales que obligaban a una din&aacute;mica vertiginosa, tanto para el estudiante como para los profesores. Esa intensidad tuvo una importancia decisiva en el devenir de la escuela, como reconocen, tanto los alumnos que padec&iacute;an la presi&oacute;n del trabajo como los profesores que trat&aacute;bamos de ayudarles.</p>
<p>Los primeros a&ntilde;os compart&iacute; la dedicaci&oacute;n a la docencia de Proyectos con la elaboraci&oacute;n de la&nbsp;tesis doctoral, ya que muy pronto advert&iacute; que quer&iacute;a hacer carrera universitaria. Este inter&eacute;s por el conocimiento propici&oacute; que el a&ntilde;o 1976, cuando Rafael Moneo se fue a ense&ntilde;ar a los Estados Unidos, me propusieron como Encargado de C&aacute;tedra: ese mismo a&ntilde;o hab&iacute;a le&iacute;do la tesis doctoral, sobre la<strong><em>Contribuci&oacute;n de la teor&iacute;a de la significaci&oacute;n al conocimiento de la Arquitectura</em></strong>&nbsp;(1976), tema de mucha actualidad en esos a&ntilde;os.</p>
<p>He de reconocer que mi inter&eacute;s por la semi&oacute;tica se desvaneci&oacute; el d&iacute;a siguiente de la lectura de la tesis: es la &uacute;nica vez que me he aproximado a la arquitectura desde disciplinas ajenas, sin profundizar la soluci&oacute;n a los problemas que ten&iacute;a planteados desde la propia arquitectura: lo cierto es que -probablemente, debido a mi juventud- no consegu&iacute; ceder al &ldquo;esp&iacute;ritu del tiempo&rdquo;. Con el tiempo, descubr&iacute; que el procedimiento es el inverso: identificar el problema y despu&eacute;s buscar la perspectiva desde la que puede resolverse, no a la inversa.&nbsp;Cuando Rafael Moneo dej&oacute; la ETSAB, seguimos planteando los ejercicios de un modo similar a como lo hac&iacute;amos con el, convencidos de su eficacia y amparados en su autoridad.</p>
<p>No obstante, el procedimiento no resolv&iacute;a el problema de la perspectiva desde la que se afrontaba,&nbsp;tanto el proyecto, como el juicio sobre la arquitectura. Responsabilizado por mi nuevo cargo, pero&nbsp;-sobre todo- con un prop&oacute;sito de saber a que atenerme que me ha acompa&ntilde;ado a lo largo de la vida, para intentar salir de la desorientaci&oacute;n generalizada, decid&iacute; estudiar la arquitectura m&aacute;s pr&oacute;xima, con el prop&oacute;sito de encontrar los criterios que conectasen con el pasado inmediato. As&iacute;, elabor&eacute; el material que dio lugar a&nbsp;<strong><em>Arquitecturas catalanas</em></strong>&nbsp;(1977) y&nbsp;<strong><em>Nacionalisme i modernitat en la arquitectura catalana contempor&agrave;nia</em></strong>&nbsp;(1980).</p>
<p>El trabajo de reflexi&oacute;n e investigaci&oacute;n que eso conllev&oacute; ten&iacute;a traducci&oacute;n docente en mis clases de Proyectos, as&iacute; como en una asignatura optativa que desarroll&eacute; sobre la arquitectura moderna en Catalu&ntilde;a, que tuvo muy buena acogida mientras la impart&iacute;.</p>
<p>El a&ntilde;o 1979 obtuve por concurso la c&aacute;tedra de Proyectos III y IV en la ETSAB.UPC, en el marco del reglamento previsto por el&nbsp;<strong><em>Estatut del Profesorat de Catalunya</em></strong>. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s (1983) tuve que validar el proceso, en otro concurso de &aacute;mbito estatal convocado por el Ministerio de Educaci&oacute;n.</p>
<p><img src="http://helio-pinon.org/rcs_gene/extra/Llibres01.png" alt="" width="1764" height="890" /></p>
<p>Tras mi incursi&oacute;n en la arquitectura del pa&iacute;s, decid&iacute; adentrarme en la arquitectura que se estaba haciendo en el mundo, como entorno remoto de la practica del proyecto. La sensaci&oacute;n de desorientaci&oacute;n que se hab&iacute;a generalizado propici&oacute; la aparici&oacute;n de una serie de doctrinas de car&aacute;cter claramente neo-vanguardista que intentaban fundamentar el proyecto desde perspectivas diferentes: la cr&iacute;tica&nbsp;al funcionalismo reductivo permiti&oacute; a Robert Venturi proponer la complejidad y la contradicci&oacute;n como valores de una arquitectura m&aacute;s atenta al uso y m&aacute;s pr&oacute;xima al gusto del usuario; el estudio de las formas de construcci&oacute;n de la ciudad hist&oacute;rica permiti&oacute; a Aldo Rossi proponer la racionalidad del tipo arquitect&oacute;nico clasicista como criterio de proyecto para la ciudad actual y el reconocimiento de la sistematicidad y precisi&oacute;n formal de la gran arquitectura moderna sugiri&oacute; a Peter Eisenmann plantear la virtualidad de unas estructuras formales subyacentes que tomar&iacute;an cuerpo en los edificios concretos.</p>
<p>La segunda mitad de los a&ntilde;os sesenta y toda la d&eacute;cada de los setenta estuvo presidida por la hegemon&iacute;a compartida de estas doctrinas, lo que instauro un ambiente favorable al relativismo, ya que se percibi&oacute; que en el interior de cada una de las doctrinas todo era coherente, aunque se apoyaran&nbsp;en principios diferentes, a menudo incompatibles. Publiqu&eacute; el fruto de este trabajo con el t&iacute;tulo de<strong><em>Arquitectura de las neo-vanguardias</em></strong>&nbsp;(1984).</p>
<p>El a&ntilde;o 1974, se fundo una revista de arquitectura que con el paso del tiempo ha ido adquiriendo&nbsp;un reconocimiento casi m&iacute;tico que supera ampliamente las pretensiones de quienes la hac&iacute;amos:&nbsp;<em>Arquitecturas bis</em>. Para mi fue un elemento fundamental de aprendizaje, ya que, a la vez que est&iacute;mulo, se convirti&oacute; en un medio de difusi&oacute;n de los trabajos que iba elaborando sobre los temas que he comentado: adem&aacute;s de los libros que he citado, publique&nbsp;<strong><em>Reflexi&oacute;n hist&oacute;rica de la arquitectura moderna</em></strong>&nbsp;(1981), que se compon&iacute;a en su casi totalidad por art&iacute;culos que hab&iacute;a publicado en la revista.</p>
<p>Este libro tiene para mi un significado especial ya que -mas all&aacute; de recoger el material de una &eacute;poca-,&nbsp;ya en el t&iacute;tulo muestra una toma de posici&oacute;n que en su tiempo fue pol&eacute;mica: en realidad, se opon&iacute;a frontalmente al argumento de un libro que estaba teniendo un gran &eacute;xito comercial -<strong><em>Postmodern architecture</em></strong>&nbsp;(1979)-, probablemente porque ayudaba a superar el sentimiento de culpa que algunos arquitectos deb&iacute;an sentir por haber abandonado irresponsablemente los criterios de proyecto del sistema arquitect&oacute;nico m&aacute;s importante y fecundo de la historia.</p>
<p>Los &uacute;ltimos a&ntilde;os setenta y primeros ochenta otro acontecimiento tuvo mucha importancia en mi trayectoria profesional y docente: fui subdirector de la ETSAB. UPC, con el director Oriol Bohigas. En relaci&oacute;n con mi encargo de organizar el tercer ciclo en la escuela, empec&eacute; a dirigir un programa de doctorado -en el que segu&iacute; hasta mi jubilaci&oacute;n-, lo que me dio la posibilidad de dirigirme a arquitectos, lo que fue muy importante para mi, a partir de entonces. En efecto, compart&iacute; la c&aacute;tedra de proyectos III y IV con la formaci&oacute;n de profesores a trav&eacute;s del programa de doctorado que comento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>1984-2007. La arquitectura representa la construcci&oacute;n</h2>
<p>Tras muchos a&ntilde;os de continuar proponiendo ejercicios del tipo que planteaba Rafael Moneo, la progresiva banalizaci&oacute;n de la arquitectura de m&aacute;s &eacute;xito me hizo rectificar la docencia, en el sentido de recuperar el proyecto como un proceso que se orienta a<em>representar la construcci&oacute;n</em>.</p>
<p>La crisis de las doctrinas&nbsp;<em>realistas</em>&nbsp;-que tratan de afrontar problemas universales desde planteamientos peculiares- me hizo insistir en los principios de la abstracci&oacute;n moderna. Una abstracci&oacute;n que deriva de la convicci&oacute;n contraria, es decir, entender la arquitectura -el arte, en general- como la aproximaci&oacute;n a lo peculiar desde una perspectiva universal.</p>
<p>Fruto de este proceso intelectual fue el cambio de planteamiento de los trabajos de la c&aacute;tedra de Proyectos III-IV: trat&eacute; de reducir al m&aacute;ximo la posibilidad de ejercicio de la subjetividad por parte del alumno, convencido de que la subjetividad no cultivada es pura arbitrariedad sin causa ni objetivo. Se limitaba mucho su intervenci&oacute;n con el fin de que el alumno pudiera decidir de manera responsable, liberado del estr&eacute;s que provoca decidir precipitadamente y sin criterio. Propon&iacute;a unas intervenciones que, por el propio planteamiento del ejercicio, hicieran reconocer el peso de la construcci&oacute;n y la t&eacute;cnica, en general, en la configuraci&oacute;n del objeto arquitect&oacute;nico.</p>
<p>Este nuevo planteamiento de la docencia, referido a la teor&iacute;a general del proyecto moderno dio lugar a un trabajo que constituye una aut&eacute;ntica teor&iacute;a de la modernidad, aunque quise quitarle trascendencia y lo publiqu&eacute; con el t&iacute;tulo m&aacute;s modesto de&nbsp;<strong><em>Curso b&aacute;sico de proyectos</em></strong>&nbsp;(1998).</p>
<p>Por otra parte, estaba convencido desde hac&iacute;a tiempo que el fundamento formal de la arquitectura moderna estaba vinculado al &eacute;nfasis en la visualidad como &aacute;mbito de reconocimiento de la forma: la experiencia personal me ense&ntilde;&oacute; que para recuperar los criterios de juicio -cualidad que se perdi&oacute; con el abandono de los criterios de la forma moderna, a principio de los a&ntilde;os sesenta- es indispensable cultivar la mirada, ya que la consistencia formal es un atributo cuyo reconocimiento requiere la intervenci&oacute;n de los sentidos, no basta con la acci&oacute;n del intelecto. El curso de proyectos deb&iacute;a complementarse con una propuesta visual capaz de contrarrestar el relativismo y la disponibilidad que reinaban en el &aacute;mbito de la arquitectura. Recog&iacute; las imagen ejemplares con que sol&iacute;a ilustrar las clases, sin comentario alguno, mas que un texto que glosaba la importancia de la visualidad y la necesidad de recuperar el juicio est&eacute;tico como momento esencial de la experiencia arquitect&oacute;nica, y lo publiqu&eacute; con el t&iacute;tulo de&nbsp;<em><strong>Miradas</strong>&nbsp;<strong>intensivas</strong></em>&nbsp;(1999). Estos dos libros fueron posteriormente revisados y refundidos en una edici&oacute;n argentina, con el t&iacute;tulo&nbsp;<strong><em>La forma y la mirada</em></strong>&nbsp;(2007).</p>
<p><img src="http://helio-pinon.org/rcs_gene/extra/llibres_02b.png" alt="" width="1768" height="456" /></p>
<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os noventa deje el estudio profesional que hab&iacute;a compartido durante treinta a&ntilde;os con Albert Viaplana y me dediqu&eacute; de lleno a la reflexi&oacute;n y la docencia, sin abandonar -de todos modos- el proyecto: funde el Laboratorio de Arquitectura ETSAB.UPC, tratando de "aproximar la universidad a la sociedad". La experiencia me confirm&oacute; que la expresi&oacute;n es solo un slogan bien intencionado: en 2007 di por finalizada su actividad.</p>
<p>Los proyectos desarrollados en el Laboratorio constituyen el material b&aacute;sico de&nbsp;<strong><em>Helio Pi&ntilde;&oacute;n. Pasi&oacute;n por los sentidos</em></strong>&nbsp;(2003) y&nbsp;<em><strong>Teor&iacute;a del Proyecto</strong>&nbsp;(</em>2006). El primero es una colecci&oacute;n de im&aacute;genes de una exposici&oacute;n del mismo t&iacute;tulo que recorri&oacute; escuelas de arquitectura y colegios de arquitectos de Espa&ntilde;a y de alg&uacute;n pa&iacute;s extranjero. El segundo es fruto de un proyecto que, de alg&uacute;n modo, culmina dos d&eacute;cadas de reflexi&oacute;n intensa sobre el proyecto, a partir de los problemas que plantea la pr&aacute;ctica: no se trata de un texto discursivo basado en la glosa de lo que dicen otros, sino un intento de responder a las cuestiones que la pr&aacute;ctica del proyecto me ha planteado, a lo largo de cuatro d&eacute;cadas.</p>
<p>Estos mismos a&ntilde;os tuve -a su vez- una intensa actividad docente en cursos de tercer ciclo en universidades de Am&eacute;rica Latina: el hecho de que gran parte de mis alumnos de doctorado latinoamericanos acaben siendo profesores de sus respectivas escuelas provoc&oacute; una serie de viajes a Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Colombia Bolivia Ecuador y M&eacute;xico. Unos cursos que -mas all&aacute; de resultar satisfactorios por lo que ten&iacute;an de reconocimiento de mi actividad docente- fueron definitivos para la evoluci&oacute;n de mi arquitectura y -por tanto- de mi actividad did&aacute;ctica: todos esos pa&iacute;ses tienen una arquitectura moderna de gran calidad, cosa que intu&iacute;a pero de la que desconoc&iacute;a su aut&eacute;ntica dimensi&oacute;n.</p>
<p>El hecho de que durante los a&ntilde;os cincuenta y sesenta pasasen por una buena situaci&oacute;n econ&oacute;mica, pero -sobre todo- el hecho de disponer de buenos arquitectos que hab&iacute;an aprendido a proyectar en viajes y revistas -no leyendo libros, como a veces se cree- determin&oacute; que mucha de su arquitectura de las d&eacute;cadas centrales del siglo xx tenga una calidad excepcional.</p>
<p>Uno de los objetivos de mis cursos consist&iacute;a en hacer que valorasen su arquitectura y, a la vez, aprender todos -ellos y yo- de sus obras. Trat&eacute;, en todo momento de hacerles entender que la situaci&oacute;n cr&iacute;tica de la arquitectura en el mundo se deb&iacute;a a tres renuncias suicidas por parte de los arquitectos. Unas renuncias que se consumaron a finales de los a&ntilde;os sesenta: la renuncia a la tradici&oacute;n moderna, a favor de la innovaci&oacute;n compulsiva, la renuncia a la t&eacute;cnica, a favor de una supuesta "creatividad libre de ataduras" y la renuncia a la visualidad, a favor de un conceptualismo tan banal como est&eacute;ril.</p>
<p>Fruto de estos cursos y de mi inter&eacute;s por la arquitectura de los pa&iacute;ses que visitaba fueron los libros&nbsp;<strong><em>Mario Roberto &Aacute;lvarez</em></strong>&nbsp;(2002),<strong><em>Raul Sichero</em></strong>&nbsp;(2002),&nbsp;<strong><em>Paulo Mendes da Rocha</em></strong>&nbsp;(2003) y&nbsp;<strong><em>Eduardo de Almeida</em></strong>&nbsp;(2005). Se trata de unos libros b&aacute;sicamente visuales, en los que mi autor&iacute;a esencial se centra en mi mirada sobre sus obras. Una mirada que part&iacute;a de mi relaci&oacute;n con los arquitectos: he tenido el privilegio de conocer y establecer una relaci&oacute;n amistosa con arquitectos excepcionales; unos arquitectos que nacieron en las dos primeras d&eacute;cadas del siglo xx -las mejores cosechas-, lo que me ha permitido comprobar aspectos de su aprendizaje y de sus convicciones que a menudo se desconocen.</p>
<p><img src="http://helio-pinon.org/rcs_gene/extra/llibre03.png" alt="" width="1459" height="910" /></p>
<p>La experiencia de la arquitectura moderna latinoamericana y de algunos de sus arquitectos mas importantes me confirm&oacute; algo que intu&iacute;a desde hac&iacute;a tiempo: que no se nace sabiendo proyectar, que hay que aprender de la propia arquitectura. Esta obviedad no se reconoce en las escuelas de arquitectura: por un lado, en primer curso se da un solar, se describe un programa sencillo y se pide al alumno que proyecte un edificio, confiando en que -con la ayuda del profesor- lo ir&aacute; desarrollando. Esta mec&aacute;nica dura los cinco a&ntilde;os de la carrera, por lo que no ha de extra&ntilde;ar a nadie que, al llegar al proyecto de final de carrera, muchos estudiantes no tengan ni idea de lo que es un proyecto o -lo que es peor- crea que proyectar es someter los caprichos personales al juicio arbitrario de un profesor.</p>
<p>A lo largo de la historia, los arquitectos han aprendido a proyectar (re)dibujando edificios ejemplares del pasado: s&oacute;lo hace unos cincuenta a&ntilde;os que se intenta aprender sin reconocer lo mejor de la tradici&oacute;n arquitect&oacute;nica. La experiencia latinoamericana -junto con la derivada de cuarenta a&ntilde;os de pr&aacute;ctica del proyecto- me corrobor&oacute; la necesidad de plantear la ense&ntilde;anza del proyecto de un modo completamente diferente: (re)construyendo edificios de referencia, seg&uacute;n una pauta que exige atender a los diferentes aspectos (urbanos, constructivos, funcionales y formales) que inciden en el proyecto.&nbsp;<strong><em>El proyecto como (re)construcci&oacute;n</em></strong>&nbsp;(2005) es el t&iacute;tulo del libro en que argumento y describo este modo alternativo de plantear el aprendizaje del proyecto. Desde el a&ntilde;o de su publicaci&oacute;n practico el sistema en mis alumnos -en la medida en que lo permite la ense&ntilde;anza convencional- y puedo confirmar que los resultados confirman mis expectativas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>2007-2012. Arquitectura de la ciudad moderna</h2>
<p>En el a&ntilde;o 2007 hubieron dos acontecimientos importantes para mi trayectoria como arquitecto, tanto en la vertiente intelectual como en la operativa: la conclusi&oacute;n del trabajo que se publicar&iacute;a el a&ntilde;o siguiente con el t&iacute;tulo&nbsp;<strong><em>El formalismo esencial de la arquitectura moderna</em></strong>&nbsp;(2008) y la noticia -e inmediata adopci&oacute;n como instrumento b&aacute;sico de proyecto- del programa de modelado virtual&nbsp;<strong><em>Sketch up</em></strong>.</p>
<p>El libro es la versi&oacute;n castellana ampliada del discurso que pronunci&eacute; un a&ntilde;o antes en el acto de ingreso en la&nbsp;<strong><em>Reial Acad&egrave;mia de Doctors</em></strong>&nbsp;de Barcelona y contiene el fundamento est&eacute;tico de mi punto de vista ante el arte y la arquitectura. El material b&aacute;sico del libro es el contenido del programa de doctorado que a lo largo de los a&ntilde;os noventa impart&iacute; en la ETSAB i su tesis es la defensa de algo que deber&iacute;a ser evidente para cualquiera que se hubiera interesado por explorar el sentido de la arquitectura moderna: el reconocimiento de que la arquitectura moderna -lejos de ser un racionalismo o un funcionalismo, como la cr&iacute;tica precipitada se obstina en repetir- es un proyecto de construcci&oacute;n visual, en el que el arquitecto persigue la consistencia formal de un objeto que est&aacute; afectado -ahora s&iacute;- por condiciones racionales, funcionales, econ&oacute;micas y urbanas, entre otras. Se trata de un trabajo de reflexi&oacute;n est&eacute;tica, cuya lectura es probablemente innecesaria para la mayor&iacute;a de los arquitectos, pero centrado en unas cuestiones cuya conciencia me parecen fundamental para un profesor que ha intentado en todo momento referir la pr&aacute;ctica del proyecto a un sistema est&eacute;tico que enmarque sus criterios de acci&oacute;n, como es mi caso. Es, pues, una especie de memoria intelectual de mi trayectoria como profesor de proyectos.</p>
<p>El&nbsp;<strong><em>Sketch</em></strong>&nbsp;up es un programa de ordenador que permite construir objetos tridimensionales con criterios muy parecidos -en todo caso, convergentes-, tanto con la l&oacute;gica de la t&eacute;cnica constructiva que se utiliza en arquitectura, como con la l&oacute;gica de la forma neopl&aacute;stica, el sistema formal m&aacute;s universal y fecundo que se conoce. Quien proyecta en tres dimensiones puede ver en cualquier momento el objeto desde cualquier punto de vista, con las sombras propias y la proyecci&oacute;n de sombras arrojadas sobre cualquier plano u otro objeto, a cualquier hora del d&iacute;a, cualquier d&iacute;a del a&ntilde;o, en cualquier punto del planeta: se trata del instrumento m&aacute;s revolucionario de la historia de la arquitectura. El hecho de que la mayor&iacute;a de las escuelas no se den por enteradas es solo un reflejo de la desorientaci&oacute;n que impera, tanto en la pr&aacute;ctica, como en la ense&ntilde;anza del proyecto: continuar proyectando en dos dimensiones, mediante documentos que describen las proyecciones del objeto es renunciar a tener conciencia visual de lo que se propone, lo que equivaldr&iacute;a a instalarse en la oscuridad de una asumida edad media.</p>
<p><img src="http://helio-pinon.org/rcs_gene/extra/llibres04b.png" alt="" width="862" height="352" /></p>
<p>Al cerrar el Laboratorio me centr&eacute; en el proyecto para la docencia: como dije en cierta ocasi&oacute;n, "abandon&eacute; la profesi&oacute;n para dedicarme a la arquitectura". No hay paradoja en la sentencia: cuando el est&iacute;mulo para proyectar deja de surgir de los encargos -privados o p&uacute;blicos-, no tanto por su falta, cuanto por sus condiciones, la propia l&oacute;gica de la arquitectura plantea sugerencias y retos capaces de justificar una pr&aacute;ctica del proyecto alternativa.</p>
<p>La elecci&oacute;n de los temas sobre los que trabajar -tanto en la docencia, como en la vida- supone una actividad cr&iacute;tica en la medida que trata de plantear cuestiones abiertas o soluciones manifiestamente mejorables. El modelador virtual permite verificar visualmente lo que con los medios tradicionales no ser&iacute;a otra cosa que un brindis al sol, en tanto que deber&iacute;a mostrarse necesariamente en el &aacute;mbito de las intenciones, por los propios l&iacute;mites de la representaci&oacute;n. Al adquirir cierta destreza en el uso del programa, empec&eacute; a desarrollar los trabajos de proyecto que propon&iacute;a a los alumnos, a la vez que los elaboraban ellos.</p>
<p>Por otra parte, la generalizaci&oacute;n del uso de p&aacute;ginas&nbsp;<strong><em>Web</em></strong>&nbsp;que muestran la tierra desde el aire -tanto en visi&oacute;n cenital, como a vista de p&aacute;jaro- me permiti&oacute; tener conciencia visual del mundo habitado, de la ciudad, algo a lo que hasta entonces solo se pod&iacute;a acceder da modo parcial y limitado, por medio de fotograf&iacute;as y planos.</p>
<p>Todo ello hizo que me interesara por la ciudad como constructo ordenado, en la medida que era capaz de captar los criterios de orden de los proyectos urbanos -cuando existen- o de la propia evoluci&oacute;n pr&aacute;cticamente inconsciente solo controlada por disposiciones administrativas. Unas ordenanzas no solo in&uacute;tiles para el control de la forma de la ciudad, sino en la mayor&iacute;a de los casos perversas para la propia calidad de sus espacios.</p>
<p>Puesto que los urbanistas han ido siguiendo una deriva hacia la teor&iacute;a de la ciudad y la historia urbana, de manera que os libros de urbanismo han logrado prescindir de las im&aacute;genes, decid&iacute; situar los trabajos de los alumnos -de Proyecto Final de Carrera y de Master- en el &aacute;mbito urbano, convencido de que alguien ha de ser capaz de ordenar los espacios urbanos, m&aacute;s all&aacute; del control administrativo de ordenanzas y planes que se limitan a evitar agravios comparativos.</p>
<p>Los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os de docencia -y, por tanto, de pr&aacute;ctica del proyecto- los he dedicado principalmente a ordenar sectores urbanos seg&uacute;n directrices -ahora s&iacute;- consultadas a mis amigos urbanistas de la ETSAB o de las escuelas y facultades en las que intervengo.</p>
<p>Proyectar la ciudad tiene la ventaja de que pone al edificio "en su sitio", en un doble sentido: por un lado, lo sit&uacute;a en el espacio urbano con criterios de forma capaces de ser reconocidos y valorados por los ciudadanos a trav&eacute;s del uso como elementos de calidad urbana; por otro lado, ayuda a tomar conciencia del cometido real del edificio en la ciudad, lo que pone en evidencia lo rid&iacute;culo de algunas soluciones "de revista" tan aparatosas como banales y propicia la urbanidad del edificio como su condici&oacute;n m&aacute;s culta y matizada. Proyectar la ciudad corrobora una sentencia que me gusta repetir: "al edificio no se llega: del edificio se parte".</p>
<p><strong><em>Arquitectura de la ciudad moderna</em></strong>&nbsp;(2011) es un libro monogr&aacute;fico donde muestro uno de los trabajos que he desarrollado en paralelo a mis alumnos del Aula PFC y el Master (l&iacute;nea&nbsp;<strong><em>La forma moderna</em></strong>) de los &uacute;ltimos cursos: se trata de un sector urbano de unas 20 Ha. 3n Mollet del Vall&egrave;s, Barcelona. El proyecto est&aacute; desarrollado a diferentes escalas: desde el proyecto urban&iacute;stico a la descripci&oacute;n de los diferentes edificios que lo componen, sin obviar los elementos urbanos (ed&iacute;culos y mobiliario) que intervienen de manera definitiva en el paisaje de la ciudad.</p>
<p>No conozco antecedentes de un proyecto did&aacute;ctico que atienda con precisi&oacute;n similar a todos los elementos que intervienen en la propuesta, probablemente porque en el fondo pocos creen -aunque lo manifiesten, una y otra vez- que la ciudad se ordena con criterios de forma parecidos s los que se usan en el proyecto de arquitectura.</p>
<p>La necesidad de recuperar la capacidad de juicio por parte de los arquitectos exige reconstruir un sistema est&eacute;tico solvente, en cuyo marco tenga sentido hablar de los valores que determinan la calidad de la arquitectura y de la ciudad a la que contribuye a construir. Todo ello a trav&eacute;s de una cultura visual que se adquiere mediante el cultivo de la mirada, de modo que se reconozcan relaciones visuales donde la mayor&iacute;a solo identifica t&oacute;picos estil&iacute;sticos y emblemas figurativos. El compromiso con este proceso de conocimiento visual de las obras de arquitectura me ha llevado a publicar una serie de libros "sin palabras", dedicados a la obra de arquitectos ejemplares que, por medio de fotograf&iacute;as que yo mismo he tomado, muestran im&aacute;genes capaces de revelar, tanto los atributos de la obra, como los criterios de proyecto de los diferentes edificios. En esta l&iacute;nea, he publicado&nbsp;<em><strong>Arne Jacobsen</strong><strong>&nbsp;(sin palabras)</strong></em>&nbsp;(2004) y<em><strong>Skidmore, Owings & Merril</strong></em>&nbsp;(2012).</p>
<p><img src="http://helio-pinon.org/rcs_gene/extra/llibres05b.png" alt="" width="676" height="319" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Ep&iacute;logo</h2>
<p>El curso 2011-12 obtuve un permiso sab&aacute;tico, que desarroll&eacute; en dos escuelas de arquitectura brasile&ntilde;as: el&nbsp;<strong><a href="http://www.iau.usp.br/" target="_blank" rel="noopener"><em>Istituto de Arquitetura e Urbanismo</em></a></strong>, en Sao Carlos, perteneciente a la Universidade de Sao Paulo, y la&nbsp;<strong><a href="http://escoladacidade.org/" target="_blank" rel="noopener"><em>Escola da Cidade</em></a></strong>, de Sao Paulo. Esa experiencia me abri&oacute; la posibilidad de prolongar mi actividad docente tras la jubilaci&oacute;n, en 2013. En este momento, dirijo un curso de Proyectos en la<em>Escola da Cidade</em>&nbsp;citada, lo que me permite seguir el proceso de proyectar para la arquitectura, mientras la sociedad ha decidido prescindir de sus servicios.</p>
<p><img src="http://helio-pinon.org/rcs_gene/extra/llibres06b.png" alt="" width="676" height="210" /></p>
<p>Algunos de los trabajos que se muestran en la secci&oacute;n&nbsp;<strong><em>Proyectos did&aacute;cticos</em></strong>&nbsp;corresponden a mis cursos en la&nbsp;<em>Escola da Cidade</em>, durante mi estancia en Sao Paulo. Espero que esta -ya antigua- relaci&oacute;n con esa escuela siga propiciando proyectos de los que tendr&aacute;n cumplida noticia en esa misma secci&oacute;n de esta p&aacute;gina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abril 2014</p>]]></content:encoded>
        </item>
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